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La dura historia familiar detrás de la nena que llegó congelada y sin hablar a una escuela de 25 de Mayo

El termómetro ni siquiera le tomaba la temperatura. Detrás de esta historia está la difícil vida de una familia, que vive en un precario rancho. La nena y sus tres hermanitos menores de edad fueron judicializados y trasladados a un hogar estatal.

Locales 03 de julio de 2021

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La angustiante y triste situación que se registró el miércoles en una escuela ubicada en 25 de Mayo desnudó una historia aún más agobiante y desesperante. Todo comenzó cuando una niña de 9 años llegó a la escuela Juana Ibarbourou, ubicada en Las Casuarinas, durante la mañana, con -4° y llevando solamente su guardapolvo, una remera manga cortas debajo y una calza de algodón. Por supuesto, estaba tiritando y descompuesta. Según describió la directora de la escuela en diálogo con radio Sarmiento, la niña no hablaba, no reaccionaba ni respondía a las preguntas de los docentes, directivos y celadores que salieron a su encuentro y quienes la trasladaron a una cocina del establecimiento donde había calefacción para resguardarla.

Beatriz Martínez es el nombre de la directora y ni bien encontró a la niña en esta inhumana situación, dio aviso a las autoridades judiciales y gubernamentales de San Juan. “(La niña) temblaba, lloraba, no podía expresar nada. Recurrimos a lo que teníamos a mano, algo de ropa para abrigarla. Luego la trasladamos a otra cocina donde estaba encendida la estufa, se le dio un té calentito de a sorbos, porque no podía sostener nada, ni la cuchara. La arropamos toda la mañana, mientras la docente estaba con ella”, continuó Martínez en diálogo con la mencionada radia de San Juan. De hecho, la primera vez que intentaron tomarle la temperatura a la pequeña, la situación se tornó en escalofriante: el termómetro directamente no pudo medir la temperatura temporal. Aunque, una vez estabilizada, llegó a 36,4°.

Pero detrás de esta escalofriante secuencia existe una cruda historia, de una familia que vive en un rancho en condiciones que se ubican por debajo de lo infrahumano. Y donde hay (o había) otros tres niños que, a diario, atraviesan situaciones como la que se convirtió en noticia durante las últimas horas. Y peores también. “La realidad de esta familia no es nueva. El año pasado, con la entrega de los módulos me pude contactar con la mamá en dos oportunidades y aproveché para preguntarle por los niños, aconsejarla, pero lo cierto es que hubo una distancia. Este año notamos una serie de inasistencias y volví a visitarlas, estaba la madre. Necesitan ayuda, un seguimiento, que les arreglen el lugar donde viven, que les provean agua, son carentes de muchas cosas materiales”, agregó la maestra.

La dura situación familiar
Luego de que se formalizara la denuncia en la Justicia de Familia y en la Dirección de la Niñez de San Juan, la pequeña de 9 años y sus hermanitos de 13, 11 (nenas) y 5 años (nene) fueron judicializados y trasladados a una residencia estatal. Pero esto no muestra más que la punta de un iceberg de indigencia extrema.

Diario de Cuyo describe en su edición impresa la dura realidad que vive la familia González, a la que pertenecen los niños que han sido llevados al albergue ahora y el matrimonio a quien le quitaron –provisoriamente, por ahora- la custodia de los pequeños. De acuerdo al artículo del citado diario, la familia “recibe constante asistencia” y desde la Municipalidad de 25 de Mayo indicaron que se trata de una “familia nómade” que cambia periódicamente de lugar de residencia. El detalle es que sus domicilios temporales no suelen siquiera contar con las más mínimas condiciones de habitabilidad, a tal punto de que el lugar en el que viven actualmente es un rancho por demás precario.

Cañas rotas y retazos de nailon son los principales materiales con que está “construido” el domicilio actual de los González, ese que a duras penas se mantiene en pie. Y la temperatura en el interior del refugio es tan baja –o más- que a la intemperie. En su interior hay algunos colchones y camas –insuficientes-. “Pero a mis hijos nunca les falta la comida”, sintetiza la madre de los niños, Andrea González, en declaraciones al Diario de Cuyo. La misma mujer aclara que este precario rancho es un lugar en el que están viviendo de forma temporal y que pertenece a sus suegros, pero aclara que en breve lo abandonarán y cambiarán por una “casita más cómoda y que tiene un baño adentro”.

Los cuatro niños judicializados son solo la mitad de los ocho hijos de Andrea, los que todavía son menores de edad. Su pareja actual no es el padre de los niños, pero –como aclara la propia mujer- los cuida como si fueran sus propios hijos. “Mis hijos van a la escuela y tienen todas las vacunas, porque nosotros nos ocupamos. Quiero que me devuelvan a mis hijos. Yo sé que tenemos necesidades, pero yo los cuido”, aclara Andrea González y prácticamente ruega que sus cuatro hijos menores de edad le sean restituidos.

Perdido en medio de un cañaveral y con un entorno en el que predominan perros y gallinas, la precaria vivienda donde se refugian los González consta de 3 ambientes, piso de tierra y dos puertas (aunque sin ventanas). Una frazada hace las veces de cortina para separar la apertura que vincula uno de los ambientes con el patio. Para calefaccionarse, en tanto, no cuentan más que con leña para convertirla en un montículo de brasas.

“Yo cobro la Asignación y casi todo lo uso para comprar mercadería. Mis hijos pueden tener muchas necesidades, pero siempre tienen un plato de comida”, insistió Andrea al medio sanjuanino. Su esposo, en tanto, se gana la vida con distintas changas, como cortar y vender cañas o trabajar en fincas.

Desesperado pedido

Luego de que su hija de 9 años llegara en condiciones deplorables a la escuela, las autoridades judiciales y gubernamentales tomaron la dura decisión de llevarse a los niños y trasladarlos a un hogar del Estado. Andrea, en tanto, sufre –y mucho- por esta realidad, ni siquiera estaba en la casa el día en que fueron a buscar a sus hijos más chicos. De hecho, estaba cuidando a su madre en el Encón (la zona donde confluyen San Juan, San Luis y Mendoza).

“Mi esposo me dijo que los niños no estaban desabrigados. Siempre los cuidamos. Ahora estoy con mi hija más grande y mis nietos para que me hagan compañía porque me siento sola sin mis niños”, concluyó con desesperación, destacando que hará todo lo posible por recuperarlos.

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