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El silencio de Bolsonaro, el fraude y la reacción de las Fuerzas Armadas: el trasfondo de la crisis de Brasil

Las claves de un problema enorme e inédito, hasta ahora nunca se cuestionó la legitimidad de las elecciones en Brasil y el conflicto se va a proyectar hacia el futuro.

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Es difícil encontrar una brújula. Hay una crisis importante en Brasil que se debe a dos motivos: la polarización y el hecho de que el presidente, Jair Bolsonaro, -que acaba de perder las elecciones obteniendo 58 millones de votos mientras que Lula ganó con 60 millones-, todavía no reconoció la victoria de su adversario.

 
Así sucedió en Estados Unidos cuando perdió Donald Trump y sus seguidores más recalcitrantes tomaron el Capitolio. Mucho antes, en términos de demora en hacerlo, los seguidores de Bolsonaro, sobre todo los agrupados en las asociaciones de camioneros, tomaron todas las rutas del país.

Esto implica una dificultad enorme y el propio Bolsonaro debió poner con paños fríos ante la intervención de las fuerzas de seguridad para terminar con los piquetes.


Desde hace tiempo, Bolsonaro viene advirtiendo que en las elecciones de Brasil iba a haber fraude. Lo decía en una crítica a la Justicia, que es quien organiza las elecciones. Es un tribunal especial electoral al que el presidente de Brasil impugna no solo por esto, sino también por las investigaciones que el poder judicial realiza sobre él y sus hijos.

El conflicto entre Bolsonaro y la Justicia se proyecta sobre un conflicto acerca de la legitimidad del triunfo de Lula. Cuando empezó todo esto se lo tomaban como una broma. Pero hace unos meses, Bolsonaro decidió llamar a todos los embajadores radicados en Brasil para comunicarles: “En el país que presido va a haber fraude”.

Al día siguiente, las embajadas salieron a hablar de la corrección del sistema electoral brasileño y a respaldar a la Justicia que organiza ese sistema electoral. Una semana después, se llevó adelante una reunión de ministros de Defensa de todo el continente en Brasilia.

Allí, los ministros y sobre todo el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Lloyd James Austin, pidieron a las Fuerzas Armadas de Brasil que “respeten el resultado electoral”. Porque el candidato a vicepresidente de Bolsonaro es un militar y su ministro de Defensa era el anterior jefe del Ejército.

La incógnita
¿Cuál va a ser el comportamiento de las Fuerzas Armadas en relación con el resultado definitivo cuando se realice el recuento? Porque, justamente, ese recuento lo realizan las Fuerzas Armadas y nadie cuestionó tal decisión.

Para Brasil, este es un problema enorme e inédito: nunca se cuestionó la legitimidad de las elecciones en Brasil. Y el conflicto se va a proyectar hacia el futuro. Buena parte del Congreso la maneja Bolsonaro y Lula va a tener que transar con esa organización de ultraderecha.

Brasil es una democracia de 214 millones de personas, es el octavo PBI del mundo, es un país que limita con todos los países de Sudamérica excepto Ecuador y Chile. Lo que pasa en Brasil tiene una dimensión internacional que se evidenció al final de las elecciones con una avalancha de líderes internacionales reconociendo el resultado a favor de Lula.

Quiero terminar con un recuerdo de Felipe González: “La democracia es una ética de la derrota”. Es admitir que puede ganar otro. Muchos, sean de derecha o de izquierda, no pueden hacer esa operación tan simple. Cristina Kirchner no le pudo entregar el bastón de mando a Mauricio Macri y Bolsonaro no puede decir “ganó Lula”.

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