Ecos de la Guerra Fría: ¿Una nueva crisis de los misiles?

En una reminiscencia de tensiones pasadas, la reciente autorización de Noruega y Dinamarca para que Ucrania ataque suelo ruso, y la respuesta de Rusia enviando buques a Cuba, resucitan el fantasma de la crisis de los misiles.

Mundo 07 de junio de 2024

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Noruega y Dinamarca autorizaron a Ucrania la semana pasada a atacar objetivos en territorio ruso con las armas que les donen, después de que el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, instara a los aliados a considerar esta posibilidad. Al mismo tiempo, la Casa Blanca recibió una solicitud formal de Kiev para utilizar armas estadounidenses contra territorio ruso, según confirmó Charles Q. Brown, jefe del Estado Mayor Conjunto.

Casi como un acto reflejo con reminiscencias de la Guerra Fría, el Gobierno cubano informó este jueves que tres buques y un submarino de propulsión nuclear de la Marina de Rusia llegarán a la isla la próxima semana. Será, aclararon, en el marco de una "visita que se corresponde con las históricas relaciones de amistad entre Cuba y la Federación de Rusia, y se acoge estrictamente a las regulaciones internacionales".

No obstante, con ese escenario planteado, no quedan muchas opciones que retrotraerse a uno de los momentos más calientes de la relación entre Estados Unidos y la Unión Soviética en el siglo XX, cuando se produjo la crisis de los misiles.

Todo se desencadenó en octubre de 1962, cuando Estados Unidos descubrió la existencia de bases de misiles nucleares soviéticos de alcance medio en Cuba. La respuesta inmediata del presidente estadounidense John F. Kennedy fue el anuncio de un bloqueo naval para evitar que llegaran más armas.

Durante días, el mundo estuvo en vilo, al borde de una guerra nuclear, y en Estados Unidos se alcanzó el nivel de alerta Defcon 2. Finalmente, se estableció una línea de comunicación directa entre la Unión Soviética y los Estados Unidos a través del célebre "teléfono rojo". Kennedy y el líder soviético Nikita Jrushchov lograron desactivar a través de esa línea una peligrosa escalada nuclear, que no obstante dejó una seria advertencia sobre los peligros de la carrera armamentista.

Bob Dylan supo retratar el espíritu de aquellos días en "A Hard Rain''s a-Gonna Fall" ("Una fuerte lluvia va a caer") canción en la que hacía referencia a una posible lluvia atómica, que por suerte no llegó.

¿Una nueva crisis nuclear?

Desde la invasión de Ucrania el 24 de febrero de 2022, los tambores de una posible guerra nuclear suenan cada vez con más fuerza en Europa y el mundo. Sobre todo, por estar involucrados directa o subsidiariamente Ucrania, Rusia, Estados Unidos con la OTAN, e Irán.

Pero este envío de barcos rusos a Cuba eleva la alerta. Sobre todo, tras el anuncio de Vladímir Putin el pasado 5 de junio, quien en respuesta a la decisión de los países de la OTAN de permitirle a Ucrania atacar territorio ruso con sus armas, advirtió que Moscú podría proporcionar armas de largo alcance a otros países para atacar objetivos en Occidente.

"Si alguien considera probable suministrar este tipo de armas" para llevar a cabo ataques con el territorio ruso, "¿por qué no tendríamos el derecho a suministrar nuestras armas de clase semejante a aquellas regiones del mundo donde se realizarían ataques a objetivos sensibles de aquellos países que lo están haciendo hacia Rusia?", advirtió Putin

En ese marco se conoció ayer que Moscú enviará tres buques y un submarino nuclear a Cuba. Se trata de la fragata Gorshkov, el submarino de propulsión nuclear Kazan, el buque petrolero de la flota Pashin y el remolcador de salvamento Nikolai Chiker, que estarán en la capital de la isla caribeña del 12 al 17 de junio, según precisó el Gobierno cubano.

Por supuesto, Cuba le bajó el tenor a estos envíos de unidades navales rusas, afirmando que se trata de "una práctica histórica del Gobierno revolucionario" con naciones con las que mantiene "relaciones de amistad y colaboración", según reza en el comunicado firmado por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Y aclaró que "ninguno de los navíos es portador de armas nucleares, por lo que su escala en nuestro país no representa amenaza para la región".

Sin embargo, al referirse al envío de barcos a Cuba, medios rusos como Sputnik y RT, concluyen sus artículos haciendo alusión a la declaración del presidente ruso Vladímir Putin, relacionando la movida rusa con la aprobación por parte de la OTAN de que Ucrania pueda atacar Rusia con su armamento. Hay escalada.

No es la primera vez que Rusia envía barcos de su Armada a Cuba tras la crisis de los misiles Cubanos, aclara la CNN, y menciona que en julio pasado, el buque escuela ruso Perekop zarpó hacia La Habana para una visita de cuatro días. No obstante, esta será la mayor de su tipo en años. Todo esto, en un contexto en el que el país caribeño depende cada vez más del petróleo y la ayuda rusos mientras afronta su peor crisis económica en décadas.

Por su parte, desde Estados Unidos trataron de bajarle los decibeles a la jugada rusa.

"Es probable que Rusia envíe buques de combate al Caribe, con posibles escalas en Cuba y posiblemente en Venezuela", declaró el jueves el portavoz del Pentágono, mayor Charlie Dietz. "También se prevén despliegues de aviones o vuelos en la región. Estos despliegues son parte de las operaciones navales de rutina de Rusia y no representan una amenaza directa para Estados Unidos".

En el libro "Gambling with Armageddon" ("Apostando por el Armagedón"), Martín J. Sherwin analiza la crisis de los misiles y enumera los motivos que llevaron a evitar una catástrofe nuclear. En primer lugar, destaca que tanto Kennedy como Jruschov deseaban eludir una guerra y buscaron una solución diplomática para evitar un conflicto armado. Remarca al mismo tiempo el papel de Fidel Castro y del embajador de Estados Unidos ante la URSS, Foy D. Kohler, al disuadir a los líderes de las dos potencias.

Pero Sherwin también subraya la importancia del papel que jugó la suerte: cuenta cómo en un momento crítico, el oficial soviético Vasili Arkhipov evitó disparar un torpedo nuclear contra un barco estadounidense, evitando así una escalada que hubiera resultado funesta.

Y ese es el problema: el abanico de probabilidades que se abre al jugar con fuego nuclear, que va más allá de la voluntad de Biden o Putin, y donde el margen de error se reduce a su mínima expresión.

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