Jugaba en el Ascenso, pero el consejo de un ex Selección le cambió la carrera: “Pasé de dormir en el piso a vivir en una mansión en Islas Feroe”

Santiago Lebus se destacó en ese archipiélago hasta 2023 y, en sus ratos libres, incluso se desempeñó como asistente de cocina en un hotel y haciendo sándwiches en un local comercial. Tuvo una lesión en un momento clave de su carrera en Unión, pero no claudicó en su ambición

Deportes - Fútbol 16 de enero de 2024 sanjuanhoy sanjuanhoy

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“Todos los días me preguntaba qué hacía acá”. A medio camino entre Islandia y Noruega y a unos 250 kilómetros de Escocia, emerge un archipiélago de 18 islas rocosas pertenecientes al Reino de Dinamarca. La traducción de su nombre original, Foroyar, deviene en las islas de las ovejas. Un lugar que posee más ejemplares de ese animal que personas y se sostiene, principalmente, por su industria pesquera, donde el salmón es algo cotidiano y la carne roja un privilegio de unos pocos. Un gusto que Santiago Lebus se dio solo una vez para celebrar su cumpleaños en las Islas Feroe.

El volante de 27 años, nacido en Santo Tomé, Santa Fe, se sentó delante de la cámara con una camiseta de Derrick Rose en su etapa por los Chicago Bulls y le abrió las puertas de su vida a Infobae. Su prometedora aparición en Unión había llenado de ilusiones a los hinchas del Tatengue y Leonardo Madelón lo llevó a la pretemporada del plantel profesional. Todo era color de rosa para el joven, que vio amenazado su futuro en cuestión de segundos después de que un rival se cayera accidentalmente sobre una de sus rodillas en abril de 2016. El médico, Santiago Calvo, le dio el peor pronóstico: “Mirá, Santi, tenés una lesión como para dejar de jugar”. Su respuesta estaba plagada de convencimiento: “No, esto lo vamos a sacar adelante”. Más de una vez lloró durante la recuperación.

Demoró un año en volver, pero nada fue lo mismo. Sin continuidad en Primera, buscó rodaje en All Boys. Rompió el préstamo a los seis meses y rescindió contrato con el club que lo vio nacer. Su horizonte estaba en Bolivia. La pandemia por COVID-19 lo obligó a regresar sin jugar ni un partido en el Deportivo FATIC y tuvo revancha inmediata en Independiente Petrolero, donde logró el ascenso a Primera División. No quiso más. Su primera experiencia fuera de Argentina llegó a su fin. “Habrá que barajar y dar de nuevo”, reza una canción de Las Pastillas del Abuelo. Y eso hizo.

Lejos de los flashes de la máxima categoría, bajo al barro. Se vio cautivado por el proyecto de Real Pilar, en la Primera C, y compartió una casa con dos compañeros, Alan Sosa y Elvio Gelmini, con quien dormía en un colchón tirado en el suelo. Mientras ellos trabajaban como delivery, Santiago estudiaba para rendir los exámenes de la carrera de abogacía, que cursaba de manera online. Ya entregó su tesis y está a un paso de recibirse. Un año después de regresar a la provincia de Buenos Aires, se marchó a más de 11.600 kilómetros por recomendación de Juan Esnáider, un ex futbolista de Ferro, River Plate y Real Madrid, entre otros, que jugó tres partidos en la selección argentina: “Pasé de dormir en el piso a vivir en una mansión”.

En sus dos años repartidos entre el AB Argir y el ÍF Fuglafjördur, Santiago Lebus tuvo otros trabajos por fuera del fútbol. Fue ayudante de cocina en un hotel y, en 2023, se desempeñó como empleado en un establecimiento que hacía sándwiches y jugos, ubicado en el Estadio Nacional, de la capital Tórshavn, donde hace de local la selección de las Islas Feroe. “El local se llama Número 12 por el Jugador N°12 de Boca Juniors”, confesó en una extensa entrevista para este medio sobre la leyenda creada después de que Victoriano Toto Caffarena, hincha del Xeneize, acompañó a la delegación por una gira en Europa en el siglo pasado.

Debido a que la temporada se juega entre marzo y octubre por la agresividad del invierno europeo, Lebus ya está de regreso en la Argentina. Su porvenir es una incógnita. Su fanatismo por San Lorenzo le deja la llama encendida para, algún día, vestir la camiseta del Ciclón. Uno de los sueños que le quedan en este deporte. Mientras tanto, descansa en su ciudad natal, la misma que tiene más habitantes que Islas Feroe.

- En tus inicios, ¿cuándo llegas a Unión?

- Yo jugaba en Independiente de Santo Tomé, en la Liga Santafesina. En ese momento, tenía la posibilidad de hacer pretemporada en Séptima División de AFA en Unión o Colón. Me termino decidiendo por Unión porque conocía a la gente del club y llegué con 15 años. Hice todas las Inferiores y, cuando subo a Reserva, Leo Madelón me lleva a la pretemporada de Primera. Después viene mi lesión... Estando en el plantel de Primera me lesiono en un partido ante Tigre en Reserva. Estoy un año sin jugar. Me recupero y, después, se da el debut.

- ¿Cuánto te afectó esa lesión a los 19 años? ¿Habías sufrido una rotura del ligamento?

- Sí, fue un poco más complicado porque también se rompió el ligamento interno, los meniscos... Se me rotó la rotula y el médico, Santiago Calvo, me dijo: “Mirá Santi, tenés una lesión como para dejar de jugar y la tenemos que hacer en dos veces. Primero, se opera una cosa y, luego, el cruzado, o podemos arriesgarnos a hacer una y hacer una recuperación de las dos, pero va a ser más doloroso y complicado”. Decidimos hacer una. Gracias a Dios, pude volver y superar eso, pero siento que me afectó en un momento clave de mi carrera. Estaba a punto de debutar, pero es todo aprendizaje.

- ¿Qué se te pasó por la cabeza después de lo que te dijo el médico?

- Él también me dijo que debía pensar en mí como persona antes de como jugador de fútbol. Yo le dije: “No Santi. Esto lo vamos a sacar adelante, lo vamos a sacar adelante”. Se te pasan millones de cosas, más que nada en la recuperación, porque estás ahí, ves como los chicos vuelven a jugar, tenés ganas de competir y algunos se apoyan en la gente que tienen cerca en ese momento, que te hace fuerte, y después es todo mental.

- ¿Se te pasó por la cabeza dejar todo durante ese año de recuperación?

- Hubo días que no fueron fáciles, que parecía no avanzar. Estaba en un momento de la recuperación que no iba para adelante, pero estaba convencido de que quería jugar e iba a volver. Lo tenía bien en la cabeza, pero sí. Hubo momentos difíciles, más de una vez lloré.

- ¿En eso cuanto jugó la casualidad de la lesión? Porque a vos se te cae un rival encima de la rodilla...

- Sí, la lesión fue totalmente accidental. Lo empujan, el chico cae sobre la rodilla, yo justo estaba girando... Después, él me mandaba mensajes pidiéndome perdón. Yo le decía que no había problema porque no me lo quiso hacer. Es un deporte de contacto, y tenés esa cuota de riesgo.

- Recién me decías que llorabas en tus peores momentos. ¿Cómo se hace para levantarse?

- Uno se aferra a los seres queridos, a los que uno quiere, a todo el proceso que venía pasando. Ya había hecho la operación y tuve un avance, más allá de si era poco o mucho. Uno se agarra de eso, de saber que anteriormente había estado en el plantel. Se busca motivación en lo que puede. Más que nada, en la familia, amigos, en la gente que siempre está y me quieren ver bien. Es el motor para ir hacia adelante.

- Cuatro años después, decidís irte a Bolivia. ¿Por qué te vas de Unión?


- Luego de mi debut, no me toca jugar mucho. No tengo continuidad. En su momento, fui a préstamo a All Boys, que era una linda oportunidad para volver a tener rodaje. No salió como esperaba. Estuve seis meses y terminamos el préstamo antes. Cuando volví a Unión, rescindimos contrato antes de que viniera la pandemia. Una gente que me conocía de Unión me ofreció ir a Bolivia. Me fui a Independiente Petrolero, tenía un técnico argentino de Santa Fe y me pareció una linda chance para ir afuera y volver a jugar después de todo el parón.

- Antes de Independiente Petrolero, tuviste un paso antes...

- Tuve un paso por Deportivo FATIC, pero voy y vuelvo porque se cierra todo. No alcanzo a jugar ni un partido en la Segunda División de Bolivia. A fines de septiembre, surge la posibilidad de ir a Independiente Petrolero hasta diciembre. Jugamos el torneo de Segunda y tuvimos la suerte de ascender.

- De Bolivia volvés a la Argentina para jugar en Real Pilar, que jugaba en Primera C...

-Sí, porque no quería seguir en Bolivia y en Real Pilar estaba el ayudante de campo de Madelón en Unión, Luca Marcogiuseppe. Conocía a dos chicos, Alan Sosa, que es arquero y juega en Gimnasia de Jujuy, y Lucas Ríos, que es volante y juega en la Segunda de Colombia. Me llamó Lucas y me preguntó si quería venir, me contó el proyecto y me pareció interesante. Me interesó porque quería quedarme en Argentina por un tema familiar. Tomé la decisión de ir. Y, cuando llego, jugamos Copa Argentina contra Lanús y, antes de que empiece el torneo, Luca se va a dirigir a la Primera de Chile (La Calera). Fue un lindo año, no lo pudimos terminar clasificando al Reducido del ascenso.

- ¿Cómo hacías para vivir mes a mes con un sueldo de Primera C?

- A nosotros nos daban, más allá de la comida, una casa que compartíamos con Alan (Sosa) y otro chico, Elvio (Gelmini). Ahí vivíamos los tres. Teníamos el colchón en el piso. Gracias a Dios, tenía el apoyo de mi familia. Yo aparte de jugar, estudio. Estoy terminando la carrera de abogacía. Ese año lo utilicé para seguir con el estudio y no trabajé. Mis otros dos compañeros hacían delivery en el restaurante que nos daba de comer. Por la noche hacían delivery, yo me quedaba estudiando en casa y por la mañana entrenábamos.

- ¿Costaba seguir la dieta que debería tener un jugador?

- Mas o menos. Mi nutricionista me daba consejos y mi familia me dejaba paquetes de proteínas y demás para seguir un poco cuando me visitaban.

- Tuviste la fortuna de no tener que trabajar más allá del fútbol...

- Ese año, sí. ¿En otros años? Ahora, cuando fui a Islas Feroe.

- ¿Dónde trabajaste?

- Este año en un local haciendo sandwiches, que es un bar situado en el Estadio Nacional, donde juega Islas Feroe. Se llama Número 12 por el Jugador N°12 de Boca Juniors. El año anterior trabajé en un hotel.

- ¿Por qué decidiste tener otro trabajo en Islas Feroe?

- Primero, te ayuda muchísimo en el día a día, porque sino estás mucho tiempo encerrado en la casa. Ellos siempre trabajan ocho horas y tienen una cultura del trabajo muy arraigada. Te preguntan: “Vos, más allá del fútbol, ¿qué haces?”. Si no trabajás de otra cosa, se sorprenden. Al extranjero se le permite trabajar solo 4 horas por día por una cuestión de la Visa y a mí me servía para ser sociable con la gente y salir de casa, más allá de la parte económica.

- ¿Cómo te manejabas con el idioma?

- (Risas). Muy buena pregunta. No, inglés... Casi todos hablan inglés, menos la gente mayor. Iban a comprar sándwiches y, a veces, tenía que llamar a mi compañero feroés porque no me entendían. En el primer año, viví con un finlandés, un sueco y un americano; en el segundo año, estábamos en la casa el inglés, el americano y yo. Ahí mismo era todo inglés...

- ¿Eso, por qué sucedía? ¿Compartían la casa con los jugadores del club?

- Claro porque es muy difícil conseguir vivienda. Sí hay hoteles, pero no es tan común que haya viviendas de alquiler para los futbolistas. Entonces, cuando traen extranjeros, siempre hacen vivir de a dos o de a tres. Tenía un amigo argentino que vivía con su pareja sumado a otro argentino, un colombiano y un danés. Se comparten... Las casas son mansiones. Yo pasé de estar durmiendo en el piso en Pilar a una cama de dos plazas para mí solo y una pieza para cada uno. Era mucha la diferencia.

- Tu llegada a Real Pilar fue un volver a comenzar...

- Sí, totalmente. Todas las experiencias las tomo como aprendizaje con todo lo bueno y todo lo malo, pero ese paso fue un quiebre en mi carrera y también mi ida a las Islas Feroe, pero ver la realidad de la Primera C... Ir a jugar a la cancha de Atlas, Claypole. Es otra realidad a la Primera División, pero sigue siendo fútbol al final del día.

- ¿Cómo te llega la propuesta para ir a jugar a las Islas Feroe?

- Nos aparece la posibilidad con el chico que vivía conmigo en Real Pilar (Elvio Gelmini) por Juan Esnáider, que fue un ex jugador de la selección argentina y vive en España. Él nos ofrece la posibilidad de ir a las Islas Feroe, que era un lindo lugar para insertarse en Europa y volver a tener continuidad. Pareció viable y le dimos para adelante.

- ¿Sabías algo del archipiélago?

- No, el día que hablamos con Elvio y nos dijeron de esa posibilidad preguntamos: “¿Islas Feroe? ¿Qué es? ¿Dónde está?”. Fue una locura. Buscar dónde era, cómo llegar, qué idioma hablaban, qué hacían e Internet te pinta una imagen y después quedás sorprendido ahí.

- ¿Con qué realidad te encontraste?

- Primeramente, el fútbol. Pensás que es fácil y, cuando vas ahí, te das cuenta que hay buen nivel. Los clubes grandes compiten en Europa, este año Klaksvik consiguió la clasificación a Conference League. Vos tenés que jugar contra ellos tres veces al año (el torneo posee 10 equipos y disputan tres rondas para totalizar 27 partidos) y, la verdad, sacan diferencia. Me sorprendió para bien el fútbol, y después la calidad de vida. Nosotros dormíamos con la puerta abierta. El nivel de seguridad... Obviamente, porque son pocos. Pero vivir con la puerta abierta... Después, los autos que había eran Ferrari, Audi; los taxis son todos Mercedes-Benz. La luz no se te corta nunca, tenés calefacción. Entras a tu casa y andas en cuero del calor que hace. Están muy preparados para el lugar donde están. Te sorprende la calidad de vida.

- ¿Se habla de pobreza e inseguridad?

- No. No hay gente pobre. El que menos plata tiene ahí quizás acá es un clase media. Todo el mundo trabaja. Si no trabajás o estudiás -los jóvenes tienen la facilidad de ir a estudiar a Dinamarca-, tienen tres advertencias que son aplicadas por el Estado porque no pueden estar sin hacer nada. Todos contribuyen a que el país funcione. Si pasás los tres avisos, te multan y quedás mal visto porque todos se conocen.

- ¿Vos tuviste alguna?

-(Risas). No, a los extranjeros no les pasa nada. Es solo con la gente de ahí. Si quería, podía jugar al fútbol y nada más, no estaba obligado.

- ¿Cómo es la sensación de vivir en un país con menor población que tu ciudad natal, Santo Tomé?

- Es muy extraño. Siempre digo que es un lugar muy especial, es muy loco lo que se vive. Vivía en la capital de Islas Feroe, Tórshavn, y se siente como que estás en un pueblo grande y, al mismo tiempo, es la capital del país.

- ¿Qué reacción tuvo tu familia cuando les dijiste donde te ibas?

- Mi mamá no quería saber nada. Mi viejo siempre me apoyó. Mi hermana también; mi mamá también me apoyó, pero era más difícil para ella mandar a un hijo al medio del océano. Con el tiempo lo aceptaron y, gracias a Dios, fue una buena decisión.

- ¿En algún momento se te cruzó por la cabeza: ‘¿Qué hago acá?’?

- Todos los días (risas). Todos los días cuando iba caminando al trabajo. Salía con viento, lluvia, después salía un ratito el sol, se volvía a esconder, nieve. Y decía: “No sé qué hago acá en esta isla”. Porque mirabas para un lado y hay océano y mirabas para otro lado y era montaña. Todos los días, en un momento, te preguntás eso. Después, seguís adelante.

- Antes de trabajar en el hotel, ¿cómo era tu día en Islas Feroe?

- Lo que me pasó un poco es que yo tengo el tema del estudio, que me ayudó bastante, que lo hago online y mucho de mi tiempo libre lo ocupaba estudiando, pero los días se te hacen más largos. Y en enero y febrero, que yo esperaba la Visa, los días son muy cortos porque el sol sale a las 10 AM y se esconde a las 16 PM. Eran días muy deprimentes. Solo entrenaba y trataba de que el entrenamiento se hiciera lo más largo posible, me quedaba un poco en el club y estaba con los chicos, porque sino los días eran bravos.

- Y jugaba una cuota importante en eso vivir con tus compañeros.

- Ayudaba muchísimo. Es más, creo que es un beneficio si va gente de afuera a instalarse ahí que esté acompañado.

- ¿Cómo jugó ese choque de culturas con tus compañeros y el país?

- En mi caso, me aceptaron. Los que me veían y les decía que era de Argentina me decían: “Messi, Messi”. Me sentía integrado, vos tenés que poner de lo tuyo, respetarlos a ellos y tratar de aprender su idioma. La única forma de conectar con el feroés era aprender su idioma. Yo nunca lo aprendí, pero respetaba y trataba de aprender y escuchar. Nunca me trataron mal.

- Hablemos sobre esa conexión entre Argentina y Messi. ¿Vos volviste al país cuando empezó el Mundial?

-Sí, fue el mejor mes de mi vida. Volví en el mejor momento. Volví para noviembre, diciembre y una parte de enero. Lo pasé todo en Santa Fe con mi familia.

- Cuando volviste, ¿qué te contaron sobre cómo se vivió allá? ¿Se televisaban los partidos?

- Sí, ellos vieron todo. Es más, tenía un amigo danés que estaba de vacaciones en Nueva York y me mandaba videos con toda la gente festejando. Otro de mis amigos, que estaba en Dinamarca, me decía que le encantaba que haya ganado Argentina, se sentía feliz por mí. Ellos también apoyaron a Argentina después de que Dinamarca quedó afuera en primera ronda. Todos mis amigos daneses lo apoyaban y me mandaron felicitaciones.

- ¿En las propias islas también hubo celebraciones? ¿Salieron a la calle?

- No sé si salidas a la calle, no son tan pasionales como nosotros, pero tenía compañeros que hinchaban por Argentina y me pedían que les mandara videos festejando y me decían que era una locura, que querían vivir una experiencia así.

-En referencia a esa pasión y las diferencias de cómo se vive en la Argentina, ¿los hinchas te llegaron a insultar en medio de un partido o viviste una situación similar?

- Si, obviamente allá se conocen y al tipo que te insulta lo podés ver, pero te insultan en su idioma. Sabía cuándo lo hacían, no sé qué decían, pero te das cuenta. Más cuando te enfrentabas a los dos equipos más fuertes, KI Klaksvík y B36 Tórshavn, les hacés partido y les cuesta... Ellos sienten como que los mejores tienen que ganar siempre y les molesta. No pueden aceptar que venga un equipo más chico y les haga pelea.

-¿Hay muchos argentinos jugando en el fútbol de las Islas?

- En 2022 éramos Agustín (Marsico), Elvio y yo. Habíamos ido juntos, después Agustín se va a mitad de temporada a Portugal (Covilha, tercera división) y Elvio tambien salió, pero en 2023 volvimos con Elvio y fue un chico cordobés, Gonzalo Zárate. Ellos jugaban juntos en el ÍF Fuglafjördur y yo jugaba en otro (AB Argir). Éramos tres. Ahora va Elvio, solo renovó él. Yo todavía no, no lo tengo decidido. Estoy viendo qué puede pasar. No es como el año pasado que tenía en claro que quería volver. Fueron dos años de una linda experiencia y, a veces, hay que saber cuándo empiezan y terminan las cosas. Estoy tratando de ver otras opciones.

- ¿Cómo era un día tuyo en Islas Feroe?

- Empezaba en el trabajo de 10 AM a 14 PM, a las 16 PM ya nos íbamos al club hasta las 20 PM. Volvía, comía, y me ponía a estudiar. ¿Libros o series? Soy de la lectura. No miro Netflix. Me gusta leer, antes de que empiecen las clases me he llevado dos o tres libros para leer. Uno de ellos eran Los Pilares de la tierra.

- ¿Por qué se entrena de tarde?

- Porque trabajan. Ellos trabajan de 8 a 16. Muchos llegan vestidos del trabajo a los entrenamientos. Son muchos de la construcción y, por ahí, te llegan con botas y todo la ropa de la construcción y se cambian en el vestuario.

- ¿Qué tareas hacías en el hotel?

-Nosotros preparábamos comida para eventos. Hacíamos el catering. Si jugaba la selección de Islas Feroe, había que preparar 200 piezas de sushi, 200 sándwiches y todo eso el mismo día. También había que preparar sándwiches para los colegios. Ahí no era cocinero, era un ayudante de cocina. Allí trabajaba con Agustín (Marsico). En la sandwichería me tocaba abrir y preparar todo: pollo, atún, muzzarella, jamón serrano... Tenía que preparar toda la comida y la fruta para hacer los jugos, que también vendíamos. Era atención al público, tenía que prepararlos en el momento. Terminé siendo un poco el jefe, era medio gerente al final. Me fue bien. Este año estuve desde febrero hasta noviembre, que me fui.

- ¿Cómo era ese contraste de ir a trabajar a un hotel y después ir a entrenar?

- Es raro porque te encontrás trabajando y decís: “¿Vine a trabajar o a jugar al fútbol?”. Pero cuando lo incorporás a la rutina, está bueno. Te sirve. Y tampoco es mucho al ser cuatro horas por día. ¿Si me reconocían? Sí, porque como éramos dos argentinos... El fútbol se transmite por la televisión de las Islas y te conocen. A veces, te quedás charlando de fútbol.

- ¿Cómo se vive el fútbol en Islas Feroe?

-Para ellos, cuando están compitiendo, compiten, pero lo hacen al lado del trabajo. Cuando les contaba que en Argentina había vivido solo del fútbol y no había trabajado nunca, ellos me decían: “¿Cómo?”. Para ellos, el trabajo y el estudio está primero. Si tienen que dejar de jugar al fútbol por ir a estudiar, lo hacen porque es prioridad. No como nosotros, que dejamos todo por el fútbol. Ellos no piensan salvarse económicamente con el fútbol. Ahora, están yendo a Dinamarca, Noruega, Islandia; en el último tiempo le dan una cuota de profesionalismo para dedicarse de lleno al fútbol.

-Más allá de tu familia y tus amigos, ¿Qué extrañas de Argentina?

- El asado. ¿Yerba? Sí, tenía, conseguía. Más allá de que éramos tres futbolistas, había otros chicos que eran técnicos de voley. Conseguíamos yerba y tomábamos mate entre nosotros. Aparte, yo necesitaba tomar mate todos los días porque lo necesitaba para vivir.

- Encima el asado es más caro porque la carne se importa allá...

- Sí, la carne es carísima. Solo comí carne el día de mi cumpleaños. Compramos todo carne roja y la hice a la parrilla porque mis compañeros no tenían idea, ja. Es muy cara la carne roja; pollo, pescado y el salmón es más accesible. He comido salmón casi todos los días.

- Acá en Argentina es un privilegio comer salmón...

-Sí, exactamente. Al revés. Bueno, hoy en día la carne también es un privilegio.

- ¿Les pudiste transmitir esas costumbres a tus compañeros?

- Sí. Todos me pedían para tomar el mate. Al primer sorbo, ponían mala cara y no querían saber nada. He llevado mates de regalo porque me han pedido. Les contagié un poco la costumbre de cómo vivimos en Argentina.

- ¿Cómo es el feroés?

- Son buenas personas, buena gente cuando lográs hacer conexión con ellos. Al principio, te miran distante, son muy cerrados. Me ha pasado que algunos de mis compañeros entraban al vestuario y no daban la mano. Y yo no les había hecho nada, ja. Por ahí, no te hablaban ni te miraban, pero cuando salías a la cancha se reían con vos. Son muy especiales. Tenés que respetarlos mucho, no creerte que sos más que ellos. Cada uno está en su mundo. Algo parecido sucede en Dinamarca. En una ocasión subí al subte y todo era silencio. Una vez, empecé a hablar fuerte para que haya ruido porque ya me molestaba.

- ¿Cómo es el clima allá y cómo afectaba a la hora de jugar?

- Nunca hace -10 o -15°C. Siempre está entre 0°C y 15°C. Esta última es la máxima que hay en verano. Todo el año hay un promedio de 8°C a 10°C. En invierno, se mantiene entre 0°C y 5°C. El clima es muy cambiante. Podés tener en 15 minutos lluvia, sol, que se nuble y fuerte viento. Eso era lo más jodido. A la hora de jugar, era increíble. La diferencia entre un tiempo y otro cuando tenías el viento a favor... También el golpeo de la pelota, había muchos factores porque cuando lo tenés en contra y sos arquero, tenías que volear a media altura. Si la tirás para arriba, te pega la vuelta. Cuando lo tenés a favor, se la tenés que dar al pie a tu compañero. Afectaba mucho.

- ¿Por eso no sabés si volver?

- Sí, la experiencia es linda, pero al tercer año implica hacer las mismas cosas, ya no te sorprende más, como cuando fui a la primera vez. Te cansa. Ahora que me lo decís, estoy sintiendo el viento en la oreja y no quiero saber nada, ja.

-¿Qué sueños te quedan en el fútbol?

- Yo siempre fui hincha de San Lorenzo. Es un sueño. Me encantaría tener la posibilidad de jugar en San Lorenzo en algún momento de mi vida. Después, tengo muchas ganas de tener revancha en el fútbol argentino. Sé que mi paso no fue el mejor, puedo dar más y me gustaría tener otra chance. Además, quiero seguir haciendo lo que me gusta, mi pasión. Me costaría muchísimo si no lo tengo en mi vida.

-¿Si no fueras futbolista, te gustaría ejercer la abogacía?

-Sí, me falta una materia y hacer las prácticas por una cuestión de que no estuve en Argentina. Ya presenté mi tesis sobre derecho laboral cuando terminó 2023 y aún tengo que defenderla. Estoy cerca del título. Si se llega a dar, me gustaría ejercer en algún momento. Anteriormente, hice cuatro años de Ciencias Económicas, tuve que dejarlo por el fútbol porque era presencial y, cuando retome la Universidad, tenía un vínculo familiar con la carrera porque mi tio es abogado, mi abuelo fue juez. Siempre me interesó, empecé, me atrajo y me gustó. No paré nunca. Fueron cinco años estudiando a full. Estoy estudiando en Siglo XXI.

- Eso también te ayuda a poder negociar tus contratos...

- Exactamente. El día de mañana capaz no ejerza y me dedique a otra cosa pero estudiar te ayuda en un montón de situaciones, como negociar un contrato. Saber las cláusulas, cuándo empieza, cuando termina, qué es una rescisión, cómo funciona y a quien se puede acudir ante un problema.

- Dijiste que querías una “revancha” en el fútbol argentino. ¿Cómo te definirías como futbolista?

- Soy un volante mixto, que puede ocupar varias posiciones. Me gusta jugar por adentro, tengo llegada al área, soy dinámico y me gusta jugar mucho con la pelota.

 

 

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