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Rodolfo Arruabarrena, técnico del último rival de Argentina antes del Mundial: “Mis hijos me hinchan para que no toquemos a Messi”

El Vasco comanda a la selección de Emiratos Árabes Unidos, que le servirá a la Albiceleste como último examen antes de la Copa del Mundo

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Rodolfo Arruabarrena es en la actualidad uno de los argentinos que más y mejor se ha adaptado al mundo árabe. Tras dirigir a Boca, desembarcó en Al Wasl en 2016 y construyó la segunda mitad de su trayectoria como DT en Medio Oriente. Pasó por Al-Rayyan de Qatar, volvió a Emiratos Árabes Unidos para comandar al Al-Ahli y más tarde experimentó en suelo africano con Pyramids FC. El Mundial le pasó muy cerca: al frente del seleccionado emiratí, perdió el repechaje continental frente a Australia, que luego derrotó a Perú y selló su boleto.

A horas de enfrentar nada menos que a la selección argentina, el Vasco dialogó unos minutos con Infobae y confesó que los hijos lo presionan para que sus jugadores no le hagan daño a Lionel Messi en el amistoso que se disputará este miércoles en Abu Dhabi. “Los dos (por los hijos) me están rompiendo las pelotas. Foto, camiseta. Les digo ‘mirá que yo voy a jugar un partido, eh’. “Que no lo toques”... No, no, de todo. Vos te reís, pero me llaman, están obsesionados. No les doy mucha bola, por suerte estoy lejos y es la madre la que se ocupa de ellos”, detalla el ex defensor que supo vestir la camiseta celeste y blanca alguna vez.

Los pequeños Arruabarrena son fanáticos de la Albiceleste, incluso el que nació en España. Uno tiene idolatría suprema por Messi, el otro se inclina por Gerónimo Rulli, a quien ve seguido en Villarreal: “Me salió arquero y está con eso. Hijo de p..., lo podés ver en España. Ahora también está con Pepe Reina, al que no lo conoció, pero sabe que jugó conmigo”. Para calmar las ansias de sus hijos, el Vasco les sacó pasajes y entradas para los octavos, cuartos y semifinales (suponiendo que Argentina avanzará en el primer puesto de su grupo): “Espero que le vaya bien al equipo así me saco a este pesado de encima”.

Frente al particular contexto que vivirá en la antesala de la Copa del Mundo, el estratega de 47 años se echa a reír pero asegura que no firmaría el 0-0 entre Emiratos Árabes y Argentina en el amistoso, sin jugadores lesionados y con la Selección de Lionel Scaloni en la final del Mundial: “Nunca firmo nada. Para nosotros es un lindo desafío, sobre todo para los chicos, competir con estos jugadores de nombre internacional. Si bien a nadie le gusta perder, a nosotros lo que nos interesa es poder estar a la altura y ser competitivos. Veremos si lo logramos o no”.

En plena preparación para el choque con Argentina y el que afrontará ante Kazajistán tres días más tarde, el Vasco se enfoca en ver y analizar partidos, mantener charlas con sus futbolistas (todos del ámbito local) y cruzar los dedos para que lleguen en óptimas condiciones físicas. “Trato de no hablar mucho de Messi, puedo hacer alguna broma con los que tengo más confianza. Ellos saben que es un partido histórico para Emiratos, que los va a ver todo el mundo. Nosotros queremos mejorar lo que hicimos en este tiempo y no quedarnos en una meseta”, expresa.

Y banca el proceso de Scaloni al frente del conjunto nacional: “Los números y la idea futbolística de Argentina están ahí. Eso es lo que respalda a un entrenador. Ves un equipo fresco, con alegría, los jugadores responden juegue quien juegue y eso es mérito del entrenador y su staff. Se ha hablado mucho en los primeros meses y él ha callado esas palabras con resultados. Juegue bien o mal, uno sabe a qué juega Argentina”.

Se abre un paréntesis en la charla vía Zoom para referirse a Boca Juniors. Y la cosa va más allá. Arruabarrena se suelta para hablar de la cultura a la que ya parece acostumbrado. Confiesa su adicción por el café capuchino (no bebe mate ni alcohol) y repasa su convivencia con Emiliano Vecchio en Al Ahli.

—¿Estás pendiente de lo que pasa en Boca? ¿Mirás los partidos a la distancia?

—Generalmente los veo cuando es un partido muy importante. Si no los resúmenes por un tema de horario, pero estoy al tanto. Hay gente amiga ahí dentro, ex jugadores, ex compañeros, Mauro Navas que fue asistente mío y está en las Inferiores. Hay dirigentes que conozco. Estoy al tanto de todo. Mis hijos son de Villarreal y de Boca; mis hijas también, más todavía porque son las que vieron más.

—¿Tenés contacto con Riquelme todavía? ¿Con quién solés hablar más?

—Con el que más hablo es con Mauro Navas. Con Román hace un tiempo que no hablamos. Después con el Patrón (Bermúdez) cuando estaba allá o con Chicho (Serna) y el Cata Díaz, a los que me crucé. Con el Negro (Ibarra) cuando estaba en Boca hablábamos cada tanto. No soy de romper mucho las pelotas, no me gusta llamar mucho, pero nunca he tenido problemas con nadie y si tengo que hablar de fútbol obviamente que me gusta y podemos charlar mucho.

—¿Qué evaluación hacés del actual proceso de Boca?

—Ellos saben dónde están. Saben que habrá críticas y elogios. Tienen que tratar de tener un semblante importante en cada situación, manejarse bien dentro y afuera del club. Al Negro (Ibarra) no lo has visto hacer grandes declaraciones y eso es una virtud. Cuanto menos hablás, menos te equivocás. Los resultados han sido buenos, les puede gustar el nivel de juego a uno y a otro no, eso es muy subjetivo. Ahora habrá que reestructurar algunas cosas, contratos, llegadas, salidas y armar el próximo plantel.

—Debés estar acostumbrado a Medio Oriente después de seis años, pero ¿hay algo que te siga sorprendiendo de la cultura árabe?

—Tuve que ir a Irak. Uno mira las noticias y dice “uy, a dónde mierda voy”. Si bien estamos a 600 kilómetros de Bagdad, la vida es normal. Podés hablar con algunos locales, tenemos un fotógrafo que es iraquí y dice que no es tanto como se dice. Los iraquíes son muy cultos, leen mucho. En la calle hay mucha venta de libros y la mayoría tiene en su tapa a Sadam Husein. Para ellos es una persona muy importante. Y vos ves para otro lado y decís “este era un cabrón”. Después acá (en Emiratos) la vida es normal, tenés un montón de atracciones y cosas para hacer, hay seguridad, es un país caro, pero la gente en el día a día te hace sentir bien. Es un país maravilloso.

—¿Y alguna costumbre que hayas adquirido desde que llegaste?

—No solía hacerlo, pero tomó mucho café. Capuchino. Tengo que tratar de bajar un poquito eso porque me tomo dos o tres al día. Me acostumbré dirigiendo a los equipos. Me quedaba hasta las 11 de la noche esperando a que todos se fueran a sus habitaciones. Que capuchino de acá, que capuchino de allá... Tengo que cortar eso.

—Alcohol no tomás...

—Acá hay alcohol en algunos hoteles, pero no. Yo, capuchino. Tampoco tomo mate. Soy medio raro, ja.

¿Dirigir en Medio Oriente fue un desafío temporal que perduró?

—En principio había venido un año a Al Wasl para conocer, tener una experiencia y bajar un poco lo que había sido dirigir a Boca. Después entré en diferentes vorágines que tiene este fútbol y renové. Fueron dos años, después fui a Qatar, tuvimos logros importantes. Estuvimos 10 meses en Egipto por un grupo inversor emiratí, llegamos a las semifinales de la Copa África en plena pandemia y surgió la selección de Emiratos, en la que conozco a muchos chicos que hice debutar o tuvimos. Estamos en un cambio de generación, tratando de ser más competitivos.

—¿Es verdad que en un club te echaron aunque el equipo iba primero en la tabla?

—Sí, en Shabab Al Ahli. Faltando ese último mes, nos echaron. Pero ya conocemos, llevo muchos años. Sé las cosas que les pueden caer mal a los directivos, pero yo pienso en lo deportivo y sacar resultados. Ese intercambio de opiniones o diferentes pensamientos y mentalidades provocó que nos despidieran cuando le llevábamos 4 ó 5 puntos de diferencia al segundo. Con el presidente del club me llevo bárbaro y me reúno. Pero algunas decisiones mías provocaban malestar alrededor suyo, de algunos administrativos. Hice debutar a chicos locales de 17 años y dejaba en el banco a algún extranjero. Esas cosas ellos no las entienden, pero yo lo hago porque no veo bien al otro jugador. Hoy uno de esos chicos es una de las principales figuras de la selección nacional.

 

—¿Cómo fue la convivencia con el Magnate Emiliano Vecchio, que cuando volvió a Argentina le dijo a un árbitro que tenía millones?

—Es un lindo personaje. Los primeros meses jugó poco o no jugó. En el segundo semestre jugó todos los partidos y fue fundamental. Teníamos a él y a Mauro Díaz, que a mi entender cumplían la misma función con diferentes características. Podíamos adaptarlo a Emiliano a otro puesto (jugar 10 metros detrás de lo que lo hacía habitualmente) o creíamos que en ese lugar nos podía dar mucho más Mauro que Emiliano. Cuesta que el jugador lo entienda. Terminó siendo una de las figuras en los dos campeonatos que logramos. Lo quise llevar a Pyramids y no se dio. Uno de los comentarios que me hacía era cómo siendo argentino no lo iba a poner. Yo le contestaba que tengo doble pasaporte, español y argentino, y que en ese momento era más español. Lo quiero mucho, tengo buena relación y le escribí hasta que tuvo la discusión de los millones con Merlos. Ahora tiene que estar tranquilo, recuperarse, estar con la familia. Sabe cómo es el fútbol y va a volver de la mejor manera.

—¿Qué evaluación hiciste hasta ahora del material del que disponés?

—Tenemos muchos chicos de entre 19 y 23 años que tienen experiencia a nivel local. Algunos jugaron Champions de Asia, pero nos falta roce internacional, para eso están encaminados estos amistosos. Queremos jugar contra selecciones sudamericanas porque tienen esa picardía que tal vez nos falta. Nos quedamos satisfechos con los amistosos (derrota 0-1 ante Paraguay y 0-4 ante Venezuela) y tenemos claro que hay que mejorar. Contra Paraguay salimos jugando todo el tiempo, eso provocó que el rival se acostumbrara y en alguna te cortara y generara problemas, que fue lo que sucedió. Perdimos faltando 5 minutos. Son pequeñas cosas. En Venezuela les expliqué que no había VAR y habría que tener cuidado con los bloqueos. Nos bloquearon dos o tres veces, nos cabecearon y una fue gol. Me gusta hacer historia.

—¿Para qué está la selección de Emiratos Árabes Unidos a corto, mediano y largo plazo?

—Vi un cambio en lo físico, tenemos que insistir con eso. Hay que mejorar cuestiones físicas y la mentalidad. Técnicamente son buenos. Falta un poquito de profesionalidad. En enero tendremos la Copa del Golfo en Irak y después estará la Copa del Este en Emiratos. En septiembre arrancan las Eliminatorias para el Mundial 2026. Y la Copa de Asia se jugará en Qatar en enero de 2024. Hay que pensar paso a paso, como diría Mostaza Merlo.

—¿Sentís la cabeza en la guillotina teniendo en cuenta el despido que sufriste en un club?

—No, porque confío en el trabajo que hacemos. Tuvimos que readaptarnos de estar en un club a una selección. Me gusta lo que hago y tenemos un staff que está en los pequeños detalles para tratar de mejorar. Siempre se lo digo a la federación: puedo estar un mes, un año o diez años. Cuando me vaya de acá quiero que digan “este cabrón dejó algo”.

—¿Y en lo personal, qué proyectás a futuro?

—Hay buenos contratos y el dinero es importante, pero a esta altura quiero que estos chicos puedan darle un salto de calidad a la liga. Mi contrato es hasta julio de 2023. Tengo a mi familia en España y siempre me interesó dirigir o competir en una liga europea. Puede ser la española porque estuve muchos años ahí, pero no sé lo que me deparará el futuro. No sé lo que pueda suceder. Hoy me encuentro acá y me hice un nombre en poco tiempo en esta zona, algo que es muy difícil de lograrlo. Me gustan los desafíos y hoy pienso donde estoy. Quiero responderle a la gente que confió en mí y ayudar a que Emiratos pueda hacer historia para clasificar a la próxima Copa del Mundo. Y que tenga una camada de buenos jugadores que le den alegrías a su selección.

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