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El sindicalismo eterno: los dirigentes que llevan más de 20 años al frente de un gremio

Conocé en detalle el listado de los sindicalistas que más tiempo han ocupando el cargo de Secretario General.

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Dirigentes que llevan décadas al frente de sus sindicatos, manejando todos los resortes de la vida gremial interna y los fondos de sus afiliados. Mandatos consecutivos producto de elecciones muchas veces cuestionadas y estatutos internos que, en la práctica, impiden la renovación de los liderazgos. De origen peronista en su inmensa mayoría, la permanencia de la dirigencia gremial argentina se explica, en muchos casos, por su acercamiento al poder de turno de ese color político o por su combatividad a gobiernos de signo contrario, pero no es la única razón de su extendida supervivencia.

Hay muchos sindicalistas que representan a las bases, cumplen con su tarea de defender los intereses de los trabajadores y por eso son reelegidos una y otra vez. Sin embargo, hay dirigentes que pueden mantenerse en su puesto porque son favorecidos por una legislación que no prohíbe la perpetuidad en los cargos y, peor aún, desalienta la conformación de listas opositoras en las elecciones sindicales. Hay quienes lo llaman “el imperio de la lista única”. En la Argentina es más fácil ser candidato a presidente de la Nación que a secretario general de un sindicato por las exigencias desmedidas (incluso por encima de la Constitución) que establecen algunos estatutos, aprobados en el contexto de acuerdos políticos entre los partidos mayoritarios.

“En la UOM siempre se vota por unanimidad”, se jactaba el líder metalúrgico Lorenzo Miguel, paradigma de un modelo sindical argentino que se mantiene intacto porque sus dirigentes eternos son más confiables para la clase política y empresarial que cualquier disidente de perfil imprevisible y potencial combativo.

Infobae analizó la cantidad de años que llevan los titulares de los sindicatos más importantes y revela en este informe los que más tiempo continúan en sus cargos. De ese análisis surge que hay al menos 19 dirigentes que superaron las dos décadas al frente de sus gremios en forma ininterrumpida, y 33, más de una década.

La perpetuidad de los sindicalistas es una rareza en un país atravesado por tantos cambios políticos y socioeconómicos a lo largo de las décadas. Hay dirigentes que sobreviven desde antes del regreso a la democracia, aunque la mayoría pudo mantenerse al frente de sus sindicatos desde 1983.

Es cierto que, en general, si los dirigentes gremiales se mantienen en sus cargos es porque los afiliados los votan, pero ¿en los sindicatos hay garantías de que se pueden presentar otras alternativas y ganar? Las estructuras gremiales suelen estar preparadas para que siempre gane el oficialismo, y la legislación, además del poder político, amparan esa regla de oro.

Apenas asumió, en 1983, Raúl Alfonsín impulsó una ley de reordenamiento sindical que apuntaba a la convocatoria a elecciones en los gremios con la garantía de que las minorías obtendrían un tercio de los cargos en disputa si lograban al menos el 25% de los votos. Se frustró porque el proyecto perdió apenas por un voto en el Senado.

El peronismo le ganó al radicalismo gobernante las elecciones de 1987 y en ese contexto de derrota política se negoció la sanción de la actual Ley de Asociaciones Sindicales, elaborada a la medida del gremialismo. En la posterior adecuación de los estatutos de los sindicatos a la nueva ley, el gobierno alfonsinista aceptó que muchos gremios incluyeran cláusulas que, en la práctica, restringían la democracia interna y le ponían trabas a los opositores.

De esa época provienen estatutos que consagran la llamada “carrera sindical”, es decir, la exigencia de contar con una vasta trayectoria en la organización para aspirar a ocupar algún cargo electivo. Es como si se demandara a cualquier ciudadano haber sido concejal antes de competir por una banca de diputado. En algunos sindicatos, los opositores están obligados a presentar listas en todas las seccionales del país, un objetivo casi imposible fuera del aparato oficialista.

Por eso es tan difícil presentar una lista opositora en un gremio, aunque hay otros motivos que dificultan la alternancia sindical. Uno son los padrones de afiliados inflados, que complican conseguir los avales para las listas opositoras. Otro, la presencia hegemónica del oficialismo en la junta electoral, que tiene un rol clave para obstaculizar a los rivales. Y también, las trampas lisas y llanas que a veces se registran en las votaciones, todo esto, a veces, con la complicidad del Ministerio de Trabajo.

Si algún gobierno decidiera avanzar hacia la democratización sindical le bastaría con exigir que los estatutos se adecuaran a la Constitución. Pero la lógica del poder político, con la necesidad de garantizar la gobernabilidad, hace que los funcionarios privilegien a sindicalistas negociadores hasta la médula y ese componente suele predominar en el ADN de los gremialistas de mandatos vitalicios y seguidores del lema del metalúrgico Augusto Timoteo Vandor: “golpear para negociar”. Nadie quiere arriesgarse a tener como interlocutores a dirigentes desconocidos e imprevisibles. Lo mismo le pasa al empresariado. Por eso Oscar Lescano, el legendario líder del Sindicato de Luz y Fuerza, con 29 años de mandato consecutivo, llegó a confesar: “Fui oficialista de todos los gobiernos”.

La relación simbiótica entre el gremialismo y los gobiernos tiene que ver con la esencia del modelo sindical argentino, ideado por Juan Domingo Perón, que tiene al Estado entre sus pilares constitutivos. Es que los sindicatos no son autónomos del Poder Ejecutivo: requieren de su aval para determinar qué organización es más representativa y recibir así la personería gremial, una decisiva figura que le otorga el “poder de lapicera” para firmar convenios colectivos y administrar sus propias obras sociales, entre otros privilegios exclusivos (aunque recientes fallos de la Corte les han extendido algunos de esos derechos a los sindicatos con simple inscripción, que tienen menos atribuciones).

Más allá de quienes cumplen con su tarea de representación y defensa de los trabajadores, la supervivencia sindical también se explica por esta trama de conveniencias recíprocas que une a la clase política y a la dirigencia gremial. La necesidad de conservar el poder, se sabe, siempre es vitalicia.

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El ranking de permanencia al frente de sus sindicatos lo lideran tres dirigentes que llevan en sus cargos casi medio siglo. El récord lo ostenta Domingo Petrecca, del Sindicato Obreros y Empleados de los Cementerios, Cocherías y Crematorios, que tiene 83 años. Elegido en 1973, lleva 49 años como líder de ese gremio.

Los 49 años de Petrecca como secretario general de su sindicato no llegan a superar los récords que constituyeron los 54 años que estuvo Ramón Baldassini al frente de la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOECYT), desde 1963 hasta 2017, ni los 53 de Enrique Venturini, quien murió en 2012 mientras aún era titular del Sindicato de Electricistas Navales, adonde había asumido en 1959.

De los que siguen activos, al dirigente de los cementerios le sigue Pedro Zambeletti, de la Unión Personal de Pinturas y Afines de la República Argentina (UPFPRA), quien asumió por primera vez en 1974. Más allá de denuncias de fraude y violencia, supo mantenerse 48 años como secretario general de manera ininterrumpida. Fue reelegido por última vez en diciembre pasado y se lo vio el lunes pasado sobre el escenario del estadio de Obras Sanitarias cuando un sector de la CGT lanzó el Movimiento Nacional Sindical Peronista para competir en política.

En tercer lugar en el ranking de supervivencia sindical aparece Jorge Sansat, con 47 años al frente de la Unión Personal Aeronavegación de Entes Privados (UPADEP), ex aliado de Saúl Ubaldini en los años ochenta y luego enrolado en las filas del gastronómico Luis Barrionuevo. Sansat fue reelegido en abril pasado al frente del sindicato que nuclea a buena parte de los trabajadores tercerizados de las empresas aeronáuticas. Ganó al frente de una lista única, aunque la oposición denunció que no fue notificada de la convocatoria a los comicios.

A esos tres dirigentes sindicales con casi medio siglo en el cargo le sigue en permanencia Amadeo Genta, del Sindicato Único de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (SUTECBA). El octogenario dirigente de los municipales porteños lleva 39 años consecutivos como secretario general. Asumió con el retorno de la democracia, en 1983, y supo negociar con las gestiones porteñas de todos los colores políticos. En las últimas elecciones, la oposición dentro del gremio denunció ante la Justicia irregularidades de distinto tipo.

El histórico titular del gremio de Sanidad Carlos West Ocampo dejó de ser secretario general de la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA) en mayo pasado, después de cumplir 37 años al frente del gremio. Sin embargo, no se marchó del todo: quedó a cargo de la secretaría de Educación, aunque sin perder el predicamento de tantas décadas de poder.

Su sucesor en esa organización nacional, Héctor Daer, lleva 21 años en la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) Buenos Aires. Suele competir con una lista de izquierda, tradicionalmente fuerte en el sector de salud, pero gana en las urnas sin sobresaltos. Desde 2016, Daer está en la conducción de la CGT e integra el grupo de “los Gordos” en la entidad obrera. En la última elección en 2021, fue designado junto con Carlos Acuña y Pablo Moyano como parte del triunvirato de conducción. De los tres cotitulares cegetistas, Daer es el más cercano al presidente Alberto Fernández.

Como West Ocampo, Jorge Omar Viviani también estuvo 37 años al frente del Sindicato de Peones de Taxis de la Capital Federal, hasta su renuncia en 2020. Había ingresado en 1983. Dejó el sindicato, pese a que tenía mandato hasta marzo próximo, porque dijo estar “cansado” y “decepcionado” ante “el seguro avance de una ley que legalizará Uber y Cabify”, aplicaciones que vienen afectando la fuente de trabajo de los taxistas, según fuentes gremiales.

La misma cantidad de años (37) al frente del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa acumuló Guillermo Pereyra hasta su retiro, el año pasado. Pero si bien dejó el sindicato y le cedió paso a Marcelo Rucci, un dirigente con un perfil más combativo que no era de su riñón, Pereyra tampoco dejó la actividad: quedó a cargo de la mutual del gremio. Ex senador nacional por el Movimiento Popular Neuquino (MPN), fue director de la estatizada YPF y número dos de la CGT. Hizo equilibrio entre el kirchnerismo duro y su rol como segundo de Hugo Moyano cuando el camionero era muy crítico de Cristina Kirchner durante su presidencia. Pactó con Mauricio Macri una reforma laboral en su actividad en Vaca Muerta, que despertó polémica y fue pionera en los convenios por productividad.

José Luis Lingeri, titular del sindicato de Obras Sanitarias del Gran Buenos Aires y conductor de la CGT entre 2002 y 2003, también acumula 37 años en la cúpula de su gremio. Ingresó en 1985 como secretario general y supo mantenerse tras la privatización y posterior reestatización de la actual AYSA. Ocupa la Secretaría de Acción Social de la CGT, es uno de los mayores expertos del país en el sistema de obras sociales e integra, junto con Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA), el sector independiente. Esta fracción maneja la central obrera con “los Gordos”.

Rodolfo Daer, líder del Sindicato de Trabajadores de la Alimentación (STIA), hermano mayor de Héctor Daer y aliado de los “Gordos” de la CGT, lleva 37 años al frente de uno de los principales sindicatos industriales del país. Secretario de Industria y Producción de la central obrera, es el que ha mantenido una pelea más dura con el sindicalismo de izquierda, que adquirió mucha fuerza interna durante el conflicto de la fábrica Kraft (ex Terrabusi). En las elecciones de 2012, el oficialismo ganó con el 64% de los votos, aunque una lista de izquierda llegó al significativo 35% de los votos. En su cargo desde 1984, constituye toda una rareza ideológica: en su juventud fue militante de la Federación Juvenil Comunista y luego se pasó al peronismo ortodoxo de las 62 Organizaciones, al lado de Lorenzo Miguel, desde donde logró ser titular de la CGT entre 1996 y 2000.

Luis Barrionuevo también supo encontrar la receta para perdurar 37 años al frente de la Unión de Trabajadores Gastronómicos de la Argentina. Asumió en 1985 y fue uno de los gestores del acuerdo político-sindical con Raúl Alfonsín que permitió al sindicalista Carlos Alderete asumir como ministro de Trabajo, en 1987. Luego se alió a Carlos Menem y se volvió un confeso “recontraalcahuete” del gobernador riojano. En el gobierno menemista fue titular del INOS, organismo que administraba los fondos de las obras sociales. “Hay que dejar de robar por dos años” fue una de las frases que lo hizo célebre. Fue titular de la CGT Azul y Blanco, que llegó a agrupar una veintena de sindicatos, estructura que se fue diluyendo con el paso de los años.

En el terreno político, fue diputado y senador por Catamarca y candidato a gobernador. También incursionó en el fútbol: fue presidente de Chacarita. Separado de su esposa Graciela Camaño, también tuvo un “divorcio” político con su cuñado, Dante Camaño, quien lidera la Seccional Capital del Sindicato de Gastronómicos desde 1985: en las elecciones de diciembre pasado apadrinó una lista opositora para desplazar a su ex pariente. Pero su candidato, Humberto Ballhorst, perdió los comicios e impugnó la votación en la Justicia. Enfrentado al kirchnerismo, sorprendió este año cuando empezó a mantener una fluida relación con el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, uno de los miembros de La Cámpora, e incluso lo elogió como un candidato presidenciable. En el acto del último Día de la Lealtad peronista, en Obras Sanitarias, se lamentó del estado en el que se encuentra el peronismo: “Está hecho mierda”, dijo.

Armando Cavalieri puso en juego este año su liderazgo y salió fortalecido luego de 36 años como secretario general del gremio de Comercio. El opositor Ramón Muerza - ex aliado y apoyado por Hugo Moyano- le disputó la conducción del sindicato Capital, pero, a los 86 años, el dirigente mercantil se terminó imponiendo con el 70% de los votos y renovó su cargo hasta 2026 en uno de los gremios más importantes del país. Histórico integrante del grupo de “los Gordos” y hombre fuerte de la CGT, cuando la central renovó autoridades en noviembre de 2021, decidió no ocupar un cargo en el consejo directivo por primera vez en 40 años. Es uno de los sindicalistas con más cintura política y capacidad de negociación. Es parte del sector sindical más dialoguista, contrario a medidas extremas.

Hombre fuerte del gremialismo y ex líder de la CGT durante 12 años, Hugo Moyano lleva 35 como secretario general de Camioneros, y además está al frente de la Federación Nacional del sector. Vivió su época de gloria en el primer kirchnerismo con paritarias por encima de la inflación y la incorporación de miles de afiliados, muchos de los cuales le sacó a Comercio en una disputa por encuadramiento sindical en la que fue beneficiado por el Gobierno. Pero la sintonía se rompió en el segundo mandato de Cristina Kirchner y la CGT se volvió a partir en tres, como había sucedido antes de la llegada de Néstor Kirchner.

Si bien nunca hizo una demostración de apoyo explícito, Moyano terminó acercándose a Mauricio Macri. Esa sintonía no duró y durante la gestión de Cambiemos, con el endurecimiento del gobierno ante el sindicalismo y los problemas económicos, se fue alejando hasta convertirse en un firme opositor a Macri y un aliado de Cristina Kirchner, su ex enemiga. Con la llegada de Alberto Fernández a la Casa Rosada (con quien construyó una fuerte amistad) y consciente de que un regreso de Juntos por el Cambio al gobierno podría afectar su poder, mantiene una defensa del Gobierno pese al deterioro de la situación económica, aunque reclama que el Presidente y su vice salden su interna para mejorar las chances electorales.

Su hijo mayor, Pablo Moyano, es el secretario adjunto del Sindicato de Camioneros de Capital y Provincia de Buenos Aires desde hace 19 años, pero ya no lo secunda en la Federación Nacional luego de una fuerte pelea entre ambos revelada por Infobae a raíz de la delicada situación financiera de la obra social camionera (OSCHOCA), administrada por esposa de Moyano, Liliana Zulet, y su hija, Valeria Salerno.

Conocido como “El salvaje” por su estilo áspero, comenzó a ganar espacios políticos y sindicales en la medida en que retrocedió su papá, sobre todo durante la pandemia. Hasta sus allegados admiten que más que respeto inspira temor: es considerado un sindicalista imprevisible, con posiciones intransigentes. Cotitular de la Confederación General del Trabajo (CGT) desde que se eligió la nueva conducción, en noviembre pasado, Pablo Moyano tomó más distancia del sector cegetista mayoritario y se acercó al kirchnerismo, aliándose a la Corriente Federal de Trabajadores, una decisión que lo aleja del mayor apoyo de su padre a Alberto Fernández. Alineado con Cristina Kirchner, se sumó a la presión por la salida de los “ministros que no funcionan”, entre ellos, el ex titular de Trabajo Claudio Moroni.

El lunes pasado celebró el 17 de octubre en la Plaza de Mayo asociado con La Cámpora, de mala relación con su padre y su hermano Facundo. Su reclamo de una paritaria récord del 131% para su sector puso en un brete al Gobierno y las aspiraciones de Sergio Massa de controlar la inflación. Consciente de su poder de fuego, amenaza con parar el traslado de mercadería y combustible en todo el país. Por primera vez en este gobierno, le acaba de poner un límite la nueva ministra de Trabajo, Kelly Olmos: advirtió que semejante aumento impacta sobre la dinámica inflacionaria” y es “muy insolidario con los que quedan atrás”.

Su hermano Facundo Moyano se convirtió en una rara avis en el sindicalismo. Estuvo 11 años como secretario general del Sindicato Único de Trabajadores de los Peajes y Afines (SUTPA), que fundó en 2006, y dejó el cargo en 2017. En 2014, como diputado nacional, impulsó en el Congreso una ley de democratización que, entre otros puntos, limitaba el número de reelecciones en los sindicatos. El proyecto nunca prosperó y le granjeó la enemistad de sus colegas gremiales y dirigentes del peronismo. En línea con esa propuesta, si bien había accedido a la banca en diciembre de 2011 por el Frente para la Victoria, en 2013 se pasó al massismo y fue reelegido en 2015. Dos años más tarde decidió dejar su cargo de secretario general del gremio y modificó el estatuto interno para evitar mandatos eternos. Dijo que era para dedicarse a tiempo completo a la política, pero también con la intención de enviar un mensaje de renovación hacia el sindicalismo. Recién volvió al SUTPA - como adjunto de la secretaria general Florencia Cañabate- en la lista que ganó las elecciones, tras dejar su banca de diputado en agosto de 2021.

Andrés Rodríguez fue elegido en la Unión Del Personal Civil de la Nación (UPCN) como secretario general en 1990 y ya lleva 32 años en el cargo. Reelegido en las elecciones de junio último, es el secretario adjunto de la CGT. En los años 80, el sindicalista integraba con Martínez y Lingeri el trío de “jóvenes brillantes”, como se los llamaba, alineados con el jefe de la CGT Saúl Ubaldini. En esa época, los tres se perfilaban como el recambio en sus sindicatos y ascendieron a comienzos de los 90. Pese a su postura crítica por la inflación, es uno de los dirigentes sindicales que apoya a Alberto Fernández, aunque mantiene una buena relación con el kirchnerismo y otros sectores del Frente de Todos. Desde esa posición, cuestiona la pelea en el oficialismo y su impacto en la gestión.

Gerardo Martínez, secretario general de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), lleva la misma cantidad de años (32) que Rodríguez al frente de su gremio. Ocupó una banca como diputado nacional entre 1997-2001, por el Justicialismo y desde 2005 es miembro del Consejo de Administración de la OIT. Está al frente de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la CGT y es otro de los sindicalistas con poder en la cúpula cegetista que se mantuvo cercano a Alberto Fernández, aunque hoy está en una postura crítica de la situación económica. Es uno de los dirigentes que tiene mejor relación con el empresariado y también con los movimientos sociales.

Julio Piumato lleva 32 años como secretario general de la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación. Estuvo preso en la dictadura y desde 2004 es secretario de Derechos Humanos de la CGT. También ocupó una banca de diputado nacional. Conocido como un férreo defensor de que los empleados judiciales no paguen Ganancias, en mayo pasado renovó por octava vez su mandato al frente del gremio más importante de los trabajadores del Poder Judicial de la Nación. Ante la sorpresiva inclusión en el proyecto de Presupuesto 2023 de una cláusula que termine con la exención de Ganancias para todos los jueces y empleados de la Justicia federal y nacional, anunció un paro para el martes próximo.

Juan Carlos Schmid es el secretario general del Sindicato de Dragado y Balizamiento desde 1993. Lleva 29 años en ese cargo. El año pasado había trascendido que dejaba el gremio, pero este año renovó mandato y seguirá conduciendo la entidad hasta 2026. Además, Schmid preside la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval (FeMPINRA). En octubre del año pasado fue elegido secretario adjunto de la poderosa Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), que pasó a estar conducida por un aliado de Moyano, Sergio Sasia, titular de la Unión Ferroviaria. Schmid integró el triunvirato de conducción de la CGT entre 2016 y 2018, hasta que renunció por diferencias con Daer y Acuña.

Omar Maturano lidera el gremio de maquinistas de locomotoras y trenes de La Fraternidad desde hace 28 años. Fue elegido por primera vez en 1994. Lleva 28 años en el cargo, sin oposición a la vista. Promueve el ascenso de su hijo Sebastián, quien, además de desempeñarse como secretario de la Juventud del sindicato, encabeza la Juventud Sindical de la CGT.

Antonio Caló lideró la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) durante 18 años. Asumió en 2004 y le tocó la compleja tarea de reemplazar al legendario Lorenzo Miguel, quien manejó el principal sindicato industrial de la Argentina desde 1970, durante 32 años años, hasta que murió en 2002. Fue el histórico dirigente quien lo impulsó en su carrera hasta designarlo secretario de Acción Social, su último puesto antes de alcanzar la cúpula. Alineado con el kirchnerismo, entre 2012 y 2016 se desempeñó como secretario general de la CGT “oficial”, tras la ruptura que sufrió la organización por sus posturas opuestas respecto al gobierno que encabezaba Cristina Kirchner. Se enfrentó así a Hugo Moyano, quien fue elegido secretario general de la CGT opositora. En marzo de este año, Caló perdió la conducción nacional del gremio a manos de Abel Furlán, un dirigente cercano a Máximo Kirchner, aunque retiene el liderazgo de la poderosa seccional Capital de la UOM.

El titular del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba), Roberto Baradel, lleva 18 años como secretario general. Alineado con el kirchnerismo y con el gobernador Axel Kicillof, en mayo pasado renovó su mandato. Asumió la conducción del sindicato por primera vez en 2004. Antes había sido el secretario adjunto de Hugo Yasky, actual titular de la CTA kirchnerista. Durante el gobierno de María Eugenia Vidal, Baradel y el resto de los gremios que integran el Frente de Unidad Docente adoptaron una postura combativa que derivó en que, entre 2017 y 2018, las escuelas bonaerenses estuvieron cerradas durante 60 días en los que hubo paros por el conflicto salarial.

Carlos Acuña, en tanto, lleva 17 años como secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicio, Garages, Playas de Estacionamiento. Llegó al cargo en 2005 y en julio pasado renovó mandato por cuatro años más. En plano sindical responde a Luis Barrionuevo y en materia política está alineado con Sergio Massa en el Frente Renovador. Integra el triunvirato que conduce la CGT junto con Héctor Daer y Pablo Moyano.

La misma cantidad de años, 17, lleva Víctor Santa María como secretario general del Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (SUTERH). Hombre del PJ porteño -del cual fue presidente hasta principios del año pasado-, incursionó en la política en los 80 con la renovación peronista y fue convencional constituyente porteño por Nueva Dirigencia y luego legislador de la Ciudad en 1999. Cercano a Alberto Fernández, aunque también a Cristina Kirchner, tiene más conexiones políticas que sindicales. Como titular del Grupo Octubre, es dueño del canal IP, el diario Página 12 y la radio AM750, entre otros medios, además de empresas de publicidad. El Grupo Octubre se expandió al ámbito educativo y cultural con el Instituto Superior Octubre (ISO), la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), la sala Caras y Caretas, la Editorial Octubre y la productora de cine FilmarFondeart. En materia deportiva, está a cargo del club de fútbol del Ascenso Sportivo Barracas.

Apenas con un año menos de supervivencia que Santa María (16) aparece Roberto Fernández, el titular de la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Elegido en 2006, fue durante muchos años el segundo de Juan Manuel Palacios en ese gremio hasta que éste falleció en un accidente, en 2011, y asumió la secretaría general. Palacios había sido en los años 90, junto con Hugo Moyano y Omar Viviani fundador del Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) para diferenciarse de la CGT menemista. Fernández pondrá en juego su continuidad en las elecciones de la UTA del 1° y 2 de diciembre próximo, donde competirá contra una lista opositora liderada por Miguel Bustinduy, apoyado por Hugo Moyano.

Fuente: Infobae

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