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Las claves de El Reino: historia atractiva y buena actuación

La producción argentina política y policial es una de las más vistas en Netflix. Brilla Mercedes Morán como la pastora Elena. Tranqui, es sin spoilers.

Entretenimiento 22 de agosto de 2021

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“El Reino” empieza fuerte. En medio del brillo de un acto de campaña, un hombre se trepa al escenario y hunde el cuchillo en la espalda del candidato a Presidente de la Nación; no cualquiera, sino el que parece tenía todas las posibilidades de ganar las elecciones. Para poner al espectador en contexto sobre lo que se viene, los realizadores de la serie argentina que está en Netflix seleccionaron una frase de Antonio Gramsci: “El viejo mundo muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro...surgen los monstruos”.

La historia que escribió Claudia Piñeiro sigue los pasos de Emilio Vázquez Pena, pastor y figura excluyente de la Iglesia de la Luz , compañero de fórmula del hombre que sufre el atentado y su reemplazante natural. Para interpretar a esa compleja figura, la productora K y S confió en el oficio de Diego Peretti, un actor probado que aquí va descubriendo las múltiples facetas de su personalidad capítulo a capítulo.

La serie está elaborada a la altura de las exigencias de la plataforma de streaming que antes era casi una utopía para las producciones nacionales y después, a partir de la pandemia, se transformó en una auténtica tabla de salvación. Dirigió Marcelo Piñeyro que ya formó una dupla exitosa con Claudia cuando hicieron “Las viudas de los jueves”.

Han sido cuidadosos con algunos detalles. El acto de cierre de campaña en el que se produce el magnicidio está bien montado y tiene los ingredientes más atractivos de esas reuniones, incluida la música que aquí mueve hasta las cortinas porque lo que atruena el espacio es “Te quiero tanto” de Sergio Denis, mientras los integrantes de la fórmula caminan por la pasarela, rodeados del fervor de sus seguidores.

“El Reino” tiene una interesante galería de personajes. La que se roba la historia con una actuación llamativa y caracterizada por distintos perfiles, es Mercedes Morán, como la pastora Elena. Al principio parece sólo la esposa solícita y callada de Emilio, pero con el avance de la trama se verá que es el verdadero cerebro que no sólo mantiene unida a la familia; también es la única con un proyecto integral de supervivencia de la iglesia evangélica y si hace falta, está lista para subir al púlpito cuando su marido asume la candidatura presidencial.

Hay que prestarle atención a Nico García, el actor paraguayo que encarna al autor del atentado, Remigio Cárdenas, y que atrapa no sólo con el acento sino también con una interpretación en la que exprime las posibilidades de su personaje. El resto del elenco no desentona.

Joaquín Furriel es Rubén Osorio, el jefe de campaña del partido ECR pero también alguien que responde a intereses que permanecen ocultos, de esos tipos a los que se les franquea el ingreso a tribunales, a las cárceles y a la Casa de Gobierno y que con un teléfono en la mano abren cualquier puerta o clausuran las que deben permanecer cerradas, según la conveniencia de sus mandantes.

Al Chino Darín le tocó en suerte hacerse cargo de Julio Clamens, hijo de un candidato opositor, novio de Ana, una de las hijas de Emilio y Elena, abogado y mano derecha del pastor. Nancy Duplaá es la fiscal Roberta Candia que está de turno y recibe como un presente griego la causa del atentado que parece elemental, sencillita y está destinada a un cierre rápido. Por supuesto, a cada paso, surgen detalles que la complican y aumentan las presiones para una inmediata elevación a juicio, justo cuando empieza a quedar claro que hay algo más detrás del homicidio.

El reparto de “El Reino” tiene también a Daniel Fanego, líder de un partido tradicional y padre de Clamens; Vera Spinetta, en el rol de Ana, la novia del personaje de Darín, hija de los pastores y la única integrante de la familia que es no creyente, una contadora que administra los cuantiosos bienes que genera la iglesia y que, desde el principio de la historia, está tratando de borrar su nombre de la documentación, intuyendo que se viene una etapa difícil.

Aunque en un papel chiquito, Sofía Gala consigue destacarse como una persona capaz de juntar dos mundos que parecen irreconciliables: el de las escuchas telefónicas para la acumulación de datos destinados a carpetazos varios, con el fanatismo religioso.

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