La delgada línea ¿Cuándo la discusión se considera violenta?

Entre las señales que destacan los especialistas figura la intención de hacerle daño de distintas formas a la otra persona. Resaltan que en un vínculo sano pueden existir diferencias, pero nunca la agresión.
image596ab7e4dbbfd9.83937637

Saber frenar a tiempo. Mirar a la persona amada, ponerse en su lugar. Comprender que aquello que se dijo lastima el alma y hace más vulnerable un vínculo al que en realidad se quiere cuidar.

Pedir perdón y encontrar formas diferentes de resolver la situación e inclusive, si es necesario, buscar ayuda profesional. 

Alejarse de la ira para ir al encuentro con el otro al momento de resolver las discrepancias con la pareja, puede variar entre formas tan personales como creativas, siempre atendiendo hacia un avance positivo común desde el punto de vista vincular. De este modo, los especialistas en salud mental y sexología, como también aquellos que trabajan con la problemática de la violencia, describen las alternativas saludables al momento de buscar congeniar con un compañero/a de vida en situaciones complejas que pueden presentarse en lo cotidiano. De hecho, en una relación que goza de buena salud, el maltrato jamás está presente más allá de cualquier discusión, coinciden. 

¿Cuál es límite?. La psicóloga Alicia Montón destaca que una de las señales más frecuentes de que el vínculo se ha contaminado, es cuando se falta el respeto hacia el otro. Así, para la terapeuta este componente primordial debe estar presente en todas sus formas. “Lo que digo, lo que hago, mis gestos, cómo comparto la casa, las tareas y el dinero siempre debe ser desde el respeto”, resalta Montón. 

La profesional explica que siempre entre los integrantes de una pareja hay disensos e incluso ideologías opuestas y formas distintas de resolver lo cotidiano. “Levantar la voz con agresión, saber que con lo que decimos y hacemos vamos a herir al otro e igual lo hacemos, es una manera violenta de buscar una salida”, dice la especialista y aclara que frente al enojo hay diferentes formas de manejarlo. 

Cuando hay maltrato físico y psicológico (la descalificación, la crítica constante o los comentarios despectivos sobre la otra persona son un ejemplo claro), entonces hay violencia, destaca. Pero además, la especialista reconoce que  sería hipócrita decir que una persona nunca va a sentir bronca o enojo. El tema, aclara, “es ser consciente hasta dónde llegamos para resolver las cosas de manera responsable y adulta”.

Al trazar la línea que separa una discusión normal de pareja de los hechos de violencia, el psicólogo Santiago Gómez,  director de la página web Decidir Vivir Mejor y del Centro de Psicología Cognitiva, es claro. “La violencia aparece cuando la persona utiliza diferentes formas con el fin de lograr imponerse; dominar; controlar o conseguir algo de otro sujeto”, detalla el profesional con la mirada puesta en la temática vincular.

Coincide en aclarar que cuando hay dos posturas diferentes sobre un tema o aspecto de la vida, lo conveniente es no tomar el punto de vista  opuesto como algo personal. En este sentido, Gómez plantea la importancia de “aceptar a la otra persona como es, es decir, alguien diferente a uno”. Por otra parte, recomienda que cuando se percibe que el/la interlocutor/a no es permeable a esa otra mirada de las cosas y lo toma como algo personal, lo mejor es dar por finalizada la discusión.

Para él, los sentimientos negativos que se generan durante el momento más álgido de una discusión pueden ser debidamente evitados y por lo general responden a creencias irracionales o rígidas que se sostienen en función de las expectativas de la pareja y que al no resolverse como se espera, generan bronca, frustración e ira. Destaca Gómez que muchas veces se presupone que el otro debe actuar según lo que indican los parámetros culturalmente establecidos, cuando en realidad no debería  ser así. 

Señales de alerta

Un modo de detectar cuando se está al borde de un ataque de ira es atender a los impulsos. Por eso, aconseja estar atentos/as a los síntomas que anticipan el estado de ira y cita tres pasos para controlarla: atender a las señales que el cuerpo da, tomarse unos minutos para respirar y relajar el cuerpo, de manera que el enojo disminuya, y por último retirarse a otro sitio hasta que todos los síntomas se disipen. 

Al mencionar las características que presenta una relación de pareja de tipo patológico, el profesional destaca las siguientes señales: Cualquier  forma de violencia (verbal, física o psicológica), falta de comunicación, sensación de rechazo por las conductas del otro, infidelidad, intolerancia y discusiones frecuentes.

Vilma Jilek, psicóloga y presidenta de la Fundación Accionar, entidad que cuenta con un área específica para trabajar con mujeres en situación de violencia de género, recalca que si bien en un vínculo afectivo puede haber diferencias y peleas esporádicas, esto nunca debería implicar el uso del maltrato. Dice que cuando la relación es saludable siempre hay un código que se mantiene y ambos integrantes siempre priorizan el bienestar del ser amado y buscan cuidar de la pareja. Explica que por ejemplo, puede existir una pelea en la que los dos o uno diga cosas sin pensar, pero después recopila, evalúa, reflexiona y se pone en la piel del otro para disculparse de modo sincero. 

La realidad opuesta, remarca Jilek, está caracterizada por  un modo de vida violento en todas sus formas. “La persona violenta tiene un plan y hace todo lo posible por ejecutarlo. Lo más común es que empiece por la violencia psicológica, con la descalificación por ejemplo, para marcar su poder sobre otra persona”, alerta Jilek con la mirada puesta en concientizar, detectar y denunciar los casos de violencia de género.

Cultivar el amor

Cuando la relación amorosa no está teñida por el maltrato, pero sí existe un distanciamiento con el otro que muchas veces hace difícil congeniar, el punto de retorno a los buenos tiempos es posible. “Ante un conflicto siempre hay un abanico de posibilidades a implementar de manera conjunta e individual”, da la buena noticia, Alejandrina Román, psicóloga, terapeuta y sexóloga.

Un primer paso para lograr el deseado objetivo es abrir la cabeza y buscar alternativas para destrabar la situación que tiene a mal traer a los integrantes de la pareja. El humor,  que puede venir de la mano de algún chiste o un simple abrazo, una caricia pueden ser un potente antídoto para acercarse, dialogar y redireccionar ese vínculo hacia un rumbo mejor. A veces el alejamiento es tal -describe la especialista en función de las consultas que recibe- que ni siquiera se tocan. 

Por eso, ella alienta a sus pacientes a que propicien las situaciones que los trasladen a los momentos iniciales de la relación. Tomarse de la mano, retomar aquellas cosas que a la otra persona lo/la seducían y buscar la innovación colaborarán a combatir aquellas fracturas que la propia rutina y la falta de diálogo han generado en el vínculo. “Es bueno por ejemplo, en el caso de las parejas con niños que por ejemplo, si pueden, los dejen toda una tarde al cuidado de una abuela y salgan para darse un espacio juntos, hablar y recrear nuevas alternativas”, recomienda Román.

En tiempos en que la tecnología  traspasa todas las barreras, las demostraciones de afecto y positividad pueden estar presentes aún cuando los dos están cumpliendo sus obligaciones fuera del hogar. “Enviar un mensajito o pensar en acciones que puedo realizar para crear un clima contenedor y ameno para cuando sea el encuentro con la otra persona, ayudan a propiciar el diálogo y el acercamiento”, indica Román y destaca que también es fundamental respetar los tiempos individuales del otro y  permitirse también los propios.

Fuente: Los Andes

Te puede interesar