Una abuela se hizo pasar por prostituta para buscar a los que mataron a su nieto

Nacionales 17/06/2016
A Jhonatan Rodríguez lo asesinaron durante un robo en la puerta de su casa, en Quilmes Oeste. La mujer se disfrazó para meterse en una villa y fotografiar a uno de los tres asesinos. Pero aún no logra que los detengan. 
El día en que lo asesinaron estaba por empezar una etapa nueva en su vida. Jhonatan Hernán Rodríguez Moreira tenía apenas 17 años, había rendido los últimos exámenes para terminar el secundario y había conseguido un buen trabajo. “Joni”, como le decían, nunca había conocido a su padre, y su madre había muerto un par de años antes luego de padecer una larga y tortuosa enfermedad terminal. Fue entonces que el adolescente quedó al cuidado de su abuela, una mujer que aún hoy está en busca de testigos del crimen. En esa lucha, incluso llegó a disfrazarse de prostituta para meterse en una villa e intentar acercarse a uno de los asesinos de su nieto. A Jhonatan lo mataron en un asalto en la madrugada del 26 de febrero de 2015, alrededor de la 1.30. “Joni” estaba en el comedor del chalé donde vivía junto a su abuela y a un tío, en la calle Rodolfo López al 3900. El auto de la familia estaba estacionado sobre la vereda. El salió, fue a buscar una mochila que se había olvidado adentro del coche y en eso aparecieron entre tres y cuatro asaltantes que terminaron asesinándolo de un tiro. “Uno nunca está del todo preparado para la muerte de una pareja. Menos, la de un hijo, y mucho menos la de un nieto”, cuenta Ana María, que lleva tatuado en su brazo derecho un dibujo con la cara del nieto. “Cuando mi hija se separó, ‘Joni’ todavía no había nacido y su hermana Jésica tenía apenas tres años. Del padre nunca más se supo nada y ellos se vinieron a vivir a casa. Los chicos se criaron prácticamente conmigo, porque mi hija trabajaba todo el día, con lo cual suelo decir que fueron un poco hijos y un poco nietos. En 2010, mi hija enfermó de cáncer y en 2012 murió. Fue un proceso muy penoso para Joni”, recuerda la mujer en una entrevista con Clarín. Ese mismo año también había muerto de cáncer el marido de Ana y abuelo de “Joni”. “Mi esposo se fue el 3 de marzo de 2012 y mi hija, el 15 de agosto. Fue una tras otra”, enumera. El drama se acentuaría tres años después, con el homicidio de su nieto. J “En el colegio se retrasó y repitió por la enfermedad de la mamá. El estudiaba de noche y durante el día se las rebuscaba trabajando con la madre de la novia. Estaba contento porque le había ido bien con los exámenes finales y el lunes siguiente al que lo asesinaron iba a empezar a trabajar en una casa de ropa”, recuerda Ana. Todo sucedió mientras ella terminaba de caer dormida. Aquella madrugada escuchó murmullos que llegaban de la calle y enseguida, un grito desgarrador. “Salí corriendo y, cuando llegué al comedor, escuché el disparo. Vi correr a tres personas. Una incluso se dio vuelta y me apuntó como para dispararme. Saltó la alarma del coche y ‘Joni’ quedó tirado al lado del auto. Lo levanté, pero en ese momento no vi sangre”, explica. Ana y su hijo intentaron envolver a Joni con una frazada para llevarlo al hospital. Pero ya era tarde, no pudieron hacer nada. Y a partir de ese momento, la mujer empezó una búsqueda que aún hoy no termina. Hubo dos testigos del crimen, pero cuando se presentaron ante el fiscal Sebastián Videla, de la UFI N° 6 de Quilmes, denunciaron a la Policía por “apremios ilegales”. El fiscal abrió una causa paralela para investigar ambas denuncias, pero no pudo incluir esos dos testimonios en el expediente judicial. Ana tenía los nombres de tres sospechosos. Entonces decidió arriesgarse ella misma y salir a buscar pruebas. “A los cuatro meses del homicidio, me enteré dónde vivía uno de los asesinos. Y decidí disfrazarme de prostituta. Me puse una peluca, un pantalón de mi nieta y entré diciendo que venía de la villa de ‘Los Eucaliptus’ y que quería comprarle ‘falopa’. Y además dije que había una ‘loca’ que quería conocerlo”, detalla la mujer. Fue así como Ana logró fotografiar a uno de los presuntos homicidas. “Es este, le dicen ‘El perro’. Las fotos las saqué yo”, señala la mujer, mostrando varios retratos. “Después me amenazó un par de veces, pasó por mi casa en moto diciendo que iba a ‘hacerme mierda’". "Le llevé las fotos al fiscal, pero yo no puedo identificarlo, apenas lo vi. No quiero venganza, lo que quiero es justicia. Mi nieto tuvo una vida muy difícil, era sencillo, de buenos sentimientos”, afirma Ana, aguantándose para no llorar. La causa judicial está estancada por la falta de testigos y otras pruebas que sitúen a los sospechosos en el lugar del crimen. Y a pesar de que hay una recompensa vigente del Ministerio de Seguridad bonaerense –de entre 50 y 150 mil pesos para quienes aporten información–, pasados los primeros días nunca nadie volvió a presentarse ante el fiscal Videla. "Lo que necesitamos son testigos que hayan visto lo que pasó o puedan brindar algún dato para que el crimen de mi nieto no quede impune”, concluye la abuela, que ya no sabe cómo pedir justicia.

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