Arturo, el último oso polar de la Argentina, murió en el Zoo de Mendoza

Nacionales 03/07/2016
Dolor en el paseo provincial y la sociedad por su fallecimiento. Tenía 31 años y su salud había empeorado en los últimos días. Los Andes

Arturo, el último oso polar de la Argentina, murió este domingo en el Zoológico de Mendoza. Tenía 31 años y su nombre e historia llenaron páginas de cientos de medios nacionales e internacionales.

Pedidos de traslado y largos enfrentamientos entre funcionarios y defensores de los animales marcaron sus últimos años. Según se informó oficialmente, el oso había entrado en un delicado estado de salud. Sus últimas horas las pasó bajo supervisión y atención constante en su recinto en el paseo mendocino.

"Presentaba un cuadro clínico terminal debido a su avanzada edad y que pese a todo lo realizado por el cuerpo médico veterinario el animal, desde hacía varios días, había entrado en un proceso de descompensación y deterioro marcado irreversible. El viernes el equipo de veterinarios y los funcionarios de Ambiente se apostaron junto al animal para acompañarlo y que su deceso fuera tranquilo", informó el Gobierno en un comunicado difundido pasadas las 19.

Se le había diagnosticado pérdida de apetito, consecuente con la disminución de su peso en los últimos días y pérdida de visión y olfato. El Zoo provincial suma así otra muerte en un año en el que explotaron todas las polémicas en torno al encierro y el cautiverio de animales exóticos. El paseo ubicado en una de las laderas del Cerro de la Gloria está cerrado y no es por duelo, sino por el preocupante estado de sus jaulas, el estado de salud de cientos de animales y los desmanejos gubernamentales gestión tras gestión.

El proyecto para reconvertir el paseo en Ecoparque y el atrincheramiento de algunos empleados del Zoo para que no deje de funcionar y el cruce de denuncias entre gremios estatales y el Ejecutivo provincial, forman el telón de fondo para el último adiós a Arturo. El pasado 10 de mayo la alerta por la salud de Arturo ya estaba en roja. Se le había realizado un procedimiento de anestesia con especialistas del zoológico, externos de la provincia y de Temaikén de Buenos Aires, para determinar las causas del decaimiento generalizado que el animal presentaba.

Los estudios realizados indicaron la presencia de osteólisis del hueso nasal, es decir, desgaste del hueso. El mismo presuntamente se produjo por infección ocasionada por una combinación de bacterias y hongos, por lo que se realizó un tratamiento antibiótico específico prolongado. Triste, solitario y final Hace 23 años que vivía en Mendoza, había llegado desde Estados Unidos.

Hasta 2012 fue la compañía de Pelusa, la osa polar que también murió pasados los 30 años. Juntos, los animales estrenaron en 2011 el actual recinto que ha tenido decenas de reformas en base a reclamos de organizaciones proteccionistas. Cualquier mendocino podría estar en condiciones de contar la historia de Arturo, que ya se había convertido en un nombre para los habitantes de la provincia.

En 2012, el animal volvía a ser noticia porque Winner, el otro polar que habitaba en el Zoológico de Buenos Aires moría tras una ola de calor. Así, el úrsido mendocino por adopción se convertía en "el oso más triste del mundo” y la catarata de pedidos para reclamar su trasladado a Canadá no tardaron en llegar, involucrando a personalidades de mundo de espectáculo que insistieron una y otra vez a través de las redes sociales para que Arturo viviera sus últimos días en la reserva canadiense para estos especímenes. Finalmente, y con su salud en un péndulo que tuvo más de una secuela para los políticos de turno, Arturo dijo adiós al encierro en el Zoológico mendocino.

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