Monseñor Lozano: "La pobreza levanta muros y destruye puentes"

El Arzobispo de San Juan señaló en una carta por el 25 de Mayo que "debemos proteger los brotes del trigo de los niños y jóvenes", además de pedir que "seamos generosos en la siembra".

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Monseñor Jorge Lozano, en la tradicional celebración del Te Deum reflexionó sobre la parábola del Trigo y de la cizaña entre la vida cotidiana.” La indiferencia también es cizaña. Traslada a los hombros de los pobres la pesada carga de la exclusión y marginación. Naturalizar la pobreza vuelve a levantar muros y destruir puentes”, dijo. 

El texto completo de la reflexión


"El trigo y la cizaña están entre nosotros" 

Las parábolas pertenecen a un género literario por medio del cual Jesús nos transmite una enseñanza.  En las fábulas suceden cosas irreales: los animales hablan, las plantas tienen intenciones razonadas, y se les aplican funciones propias del mundo humano. En la parábola, en cambio, cada cosa está en su lugar, (el sembrador, el campo, la semilla) pero se destacan elementos que nos ayudan a visualizar por analogía lo que sucede en el mundo real. 

Hoy leemos este pasaje del Evangelio en la conmemoración de los acontecimientos de mayo de 1810, y podemos intentar mirar la Patria desde esta perspectiva.  Digamos que el trigo y la cizaña se parecen en el primer momento. Solamente se diferencian con claridad cuando empiezan a brotar los granos en la espiga. Por eso el dueño del campo quiere cuidar el trigo bueno y no arriesgarse a tomar decisiones drásticas en una mirada apresurada. Además, al estar tan juntas las raíces, se corre el riesgo de perjudicar lo que se quiere guardar. 

El papa Francisco cita esta Parábola para decirnos que “el tiempo es superior al espacio”, y por eso indica que “darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios” (EG, 223).  En nuestro lenguaje cotidiano utilizamos la expresión “sembrar cizaña”. Lo aplicamos a las personas que esparcen sospechas y dudas. Suelen comenzar diciendo “parece que…” o “viste que…”. No son concluyentes ni se juegan con su propia mirada.  Son mediocres repitentes de teléfonos descompuestos que embarran todo lo que está a su alcance, pero son prolijos en lavarse las manos.  Guardan composturas cubriendo con piel de cordero la víbora ponzoñosa que tienen como lengua. Son cobardes chupamedias que operan en los pasillos, pero no dan la cara haciéndose cargo de sus afirmaciones.  Como expresa otro dicho, “tiran la piedra y esconden la mano”. 

Por eso se parecen al trigo bueno o se esconden detrás de las espigas de otros. Levantan muros de división en lugar de tender puentes de solidaridad y encuentro.   La cizaña no crece por casualidad ni por un defecto de la naturaleza. Es obra del enemigo. No es una siembra buscada por el dueño del campo y los trabajadores. No es un descuido. No es algo inocuo o inocente. 
Pero mencionemos aunque sea unos pocos a modo de mal ejemplo. Las fake news (noticias falsas) son cizaña. Con 2 verdades, 3 ambigüedades y 4 mentiras te construyen un relato que degrada las personas, generan angustia en familiares y amigos, y etiquetan a personas que con dificultad logran reponerse, o tal vez nunca. Pero después nadie se hace cargo de aclarar, desmentir, ni citar la fuente. 


La indiferencia también es cizaña. Traslada a los hombros de los pobres la pesada carga de la exclusión y marginación. Naturalizar la pobreza vuelve a levantar muros y destruir puentes.  La avaricia es cizaña. Acapara y acumula riqueza aun a costa del sufrimiento ajeno y la sobreexplotación del planeta. Ayer, 24 de mayo se cumplieron 4 años de la publicación de la Encíclica Laudato Si’, “sobre el cuidado de la casa común”, del Papa Francisco. Un llamado de atención al estilo de vida del consumismo que despilfarra, del agotamiento de los recursos del Planeta. 

Pero no está todo mal, al contrario. Hay mucho trigo bueno sembrado con afecto, entrega y compromiso. La verdad es trigo bueno; y aunque nos duela, es importante asumirla y no dibujarla.  La solidaridad es trigo bueno que tiende puentes y va al encuentro de los demás. Promueve en concreto la amistad social. 

El amor a la Patria es trigo bueno. Desde 1810 (e incluso antes) muchos hombres y mujeres se comprometen con el bien común, y buscan el desarrollo integral de “todo el hombre y todos los hombres” (San Pablo VI).  Renovemos entonces el deseo de sembrar semillas que nos lleven a la Justicia y la Paz. Pensemos que la sabiduría popular nos advierte que “quien siembra vientos, cosecha tempestades”.  

Protejamos los brotes nuevos del trigo que va creciendo en niños y jóvenes, y seamos generosos en la siembra. 
¡Feliz día de la Patria!

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