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Toda una odisea: mendocina lleva seis meses arriba de un crucero

Camila Ávila trabaja en un barco del cual no puede bajar hace medio año por la pandemia del coronavirus. “Estamos acá indefinidamente.Todavía no sabemos cuándo vamos a volver a casa”, se lamentó.

Sociedad 30 de junio de 2020

mendocina crucero coronavirus

Camila Ávila es una mendocina que trabaja como parte de la tripulación de un crucero. Hace 6 meses, cuando partió del puerto de Ushuaia, no imaginó que esa sería la más larga travesía de su vida.

“Embarqué el 4 de enero en el puerto de Ushuaia. El 28 de febrero nuestros huéspedes desembarcaron y subieron unos nuevos con destino a Sudáfrica. En ese momento explotó la pandemia del coronavirus. El 18 de marzo nosotros estábamos llegando a Sudáfrica y nos dijeron que no podíamos desembarcar”, relató a Cadena 3.

“Todos los días, hasta el 23 de marzo, sacábamos a un grupito de pasajeros para que pudieran emprender la vuelta a casa, pero los miembros de la tripulación debíamos quedar a bordo”, contó.

Al día de hoy, el barco está anclado en Marsella. “Estamos indefinidamente atados, no sabemos hasta cuándo. Lo bueno es que hace dos días por fin terminé la cuarentena y después de 120 días pude bajar y caminar por el puerto”, celebró.

“Cuando pasás tanto tiempo arriba del barco, volver a pisar tierra firme es toda una celebración”, aseveró.

Camila se desempeña en el crucero como jefa de recepción. Es, entre otras tareas, la encargada de las relaciones sociales con los huéspedes y de resolver sus problemas. “Hace dos meses que estamos en el barco pero no estamos trabajando. Ya sin huéspedes, mi trabajo es ocuparme de la tripulación y tratar de mantener el buen humor entre todos mediante juegos y competencias para animarlos”, contó.

Camila reconoce que la tripulación tiene a bordo todo lo que necesita y, aunque está ansiosa por volver a casa, esa ansiedad no la lleva a tomar riesgos. 

“No sé cuándo voy a volver a casa. Sé que el hecho de que me den el vuelo de repatriación implica esperar en Buenos Aires a que un micro se llene, y sé que tardan hasta 4 días. No me quiero arriesgar”, afirmó la mujer, que relata sus vivencias en su cuenta de Instagram (@camibloom).

Al igual que Camila, arriba del barco son 90 tripulantes, 90 historias diferentes y un sueño en común: pisar el suelo de su patria y volver a abrazar a los suyos.

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